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Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Después de leer el informe preliminar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, no queda sino exclamar ¡santos investigadores!

Porque, si bien, es cierto que en México vivimos una “guerra” en contra del narcotráfico y del crimen organizado, no todos los muertos ni todos los desaparecidos que se han identificado corresponden a acciones de las Fuerzas Armadas o de las policías estatales y municipales. La enorme mayoría son víctimas de los propios criminales que sienten amenazados sus espacios o sus jerarquías.

Sin pretender desacreditar a los humanistas hemisféricos, habría que recordar que los derechos humanos solamente los violan las autoridades. Todavía está en veremos la ley que involucra a los civiles contra civiles.

Para quienes firmaron el informe preliminar, México es un desastre porque su sistema judicial y de paso el legislativo, no son suficientemente efectivos para impedir la desaparición forzada, la tortura y la violencia.

Se comparten algunos de los puntos que señalan los salvadores de los derechos humanos, aunque dejen de lado que los criminales, como tales, no deben tenerlos y menos si han sido los autores de masacres.

No voy a personalizar. Sin embargo, hay que revisar la actuación de quienes en cinco días pudieron presentar un plan geográfico con toda la información correspondiente a las violaciones de los derechos humanos a lo largo y ancho del país.

Bajo esos resultados, le propongo al Gobierno federal que los contrate para que informen con toda precisión en dónde se encuentran los generadores de la violencia, los sicarios de los criminales, los jefes de los cárteles y, de pasadita, le digan el paradero de “El Chapo”. Si pueden en cinco días saber lo que pasa en el país ¿Por qué no podrían saber lo demás?.

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