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Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

La asunción de Jaime Rodríguez como gobernador de Nuevo León dejó algo muy claro: que su quehacer político es del todo
confuso.

Apenas tomó posesión y ya vislumbra el 2018. Es decir, de concretar su dicho solicitaría licencia en menos de dos años, lo cual llevaría a nuevas elecciones, salvo… salvo que se nombre a un interino por seis meses y después se le repita la dosis.

¿A qué le tira Jaime Rodríguez con esta anunciada precandidatura presidencial independiente?

Ser mal pensado es parte del oficio periodístico. Junte usted las piezas del rompecabezas: 1.- Gana por sobre los candidatos del PRI y del PAN que desde nunca tuvieron posibilidad de triunfar; 2.- Se monta en la crítica al que se va y se reúne con el presidente Peña y con el secretario de Hacienda, además de otros muchos secretarios, y anuncia que la casa Presidencial lo apoyará para salir adelante de los adeudos que deja Rodrigo Medina y, 3.- Desde su trinchera de independiente arremete con furia troyana en contra de Andrés Manuel López, al que sin decirlo con el vocablo, dejó entender que es un “vividor de los recursos públicos”. Le espeta: nos veremos en 2018.

¿Qué significa esto?

Mal pensado que soy, le insisto, llego a una conclusión quizá apresurada pero con el tiempo se confirmará: es el caballo negro para arrojar al panteón político al insistente aspirante López Obrador.

Pelea entre dos “impolutos” que tienen como meta poner en jaque las acciones del Gobierno mientras éste avanza por los caminos que llevan de Tijuana a Mérida. El llamado “Bronco” limpia el camino para que el PRI refrende su poder. Poco vivirá el que no vea esta excelente estrategia política, aunque no se de quién es.

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