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¿Qué conmemoramos ayer? / Rosamaría Villarello reza

  • Rosamaría Villarello

Motivos hay de sobra para que se haya extendido con tanta virulencia en las redes sociales la conmemoración del “Día Internacional de la Mujer”: felicitaciones, mensajes y “memes” que recorrieron desde la cursilería, el optimismo, la exaltación de la figura femenina, su camino al “empoderamiento”; cifras, datos, números para señalar cuántas somos, edades y circunstancias y “qué importante somos”.

Pero lo que más se reprodujo en medios de todo tipo fueron los de las grandes desigualdades entre los géneros, manifiestas y visibles como la situación de pobreza, bajos salarios, falta de equidad; el desequilibrio político y social, confrontando a las que lo tienen casi todo y muchas oportunidades en su vida, y a las que les faltan los mínimos indispensables para una existencia digna.

Pero hay mucho más; se recordó, el día de ayer, a las niñas y mujeres acosadas, maltratadas, secuestradas, violadas y asesinadas, por el odio hacia ellas en una buena parte del mundo.

Y puede que por estos motivos haya que estar utilizando un día como el ocho de marzo, fuera de los protocolos oficiales, para que continúe visibilizándose de manera global esta situación de misoginia con tan terribles consecuencias.

En el siglo pasado nos congratulábamos de la irrupción de las mujeres en la escena pública y el nuevo papel tomado en el control de su propia vida. Si mucho se ganó después de tantos siglos, por ejemplo, en materia de salud, educación, empleo o espacios públicos; en otros aspectos no se han podido cambiar los patrones retrógrados agudizándose con tal crueldad en siglo XXI, que ha tomado giros insospechados.

Si bien no se puede hablar de manera generalizada y habría que verlo si se quiere por países o regiones, hay que tomar conciencia que lo que sucede en un lado nos afecta a todas y a todos. La solidaridad contra esas prácticas debe ser general, sin importar género o sexo, pues es toda la sociedad la que se va deteriorando y corrompiéndose en su praxis cotidiana.

Gran parte de poder ir combatiendo las peores acciones contra las mujeres, es exigir mejores políticas y leyes que se apliquen contra aquellos que cometan los delitos. La misoginia ligada a la impunidad es lo que hoy hay que combatir y en ello no se debe cejar desde nuestras respectivas trincheras.

La participación de la sociedad es una de las mejores armas que se tienen para seguir demandando el respeto a los derechos humanos, pues falta mucho camino por recorrer. Una de las tantas cifras que en estos días se han mencionado, es la de que más de un 70 por ciento de mujeres han sufrido algún tipo de agresión por algún familiar o por algún extraño y en esto último están implicadas diferentes estancias gubernamentales y de poder.

Pero pensemos que también hay muchas cosas fantásticas en la vida por lo que habrá que ponderarlas y saber que valen la pena en esa lucha cotidiana que se tiene que enfrentar. Es lo mejor que podemos dejar a nuestras hijas e hijos.