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Qué culpa tienen los niños…

  • María Antonieta Collins

Una veracruzana en Estados Unidos me encuentra en el supermercado. Conociendo que sufrió las consecuencias de la administración de Javier Duarte, y justo cuando éste había sido detenido en Guatemala,imaginé que la plática con ella sería de lo que se viene para nuestro Veracruz en los próximos tiempos. Para mi sorpresa me equivoqué.

La fiera opositora tocó un tema que me dejó una gran reflexión.

“Que están atacando a las pobres criaturas, a los hijos de Duarte que no tienen culpa del desastre que su padre provocó y mucho menos tuvieron decisión alguna en eso. ¿Cómo es posible que las fotos de esos tres niños estén en la internet señalándolos horriblemente. Unos escriben: “seguramente que serán igual de tramposos que su papá” otros más: “deben de tener cuentas puestas a nombre de ellos con el dinero que robaron”. Eso es horrible porque yo soy madre y es terrible ver ese tipo de comentarios en niños inocentes que ya bastante deben de estar sufriendo por la situación de sus padres. Ellos no tienen ninguna culpa”.

Mientras la paisana me cuenta esa historia recuerdo, aunque en otro sentido, lo que sucedió poco después de que Donald Trump tomara posesión de la presidencia: que hubo voces que se levantaron cuestionando a su hijo menor. ¿Por qué tenía que quedarse a vivir en Nueva York el resto del año escolar y no mudarse a Washington como lo habían hecho otros hijos de presidentes? Las descarnadas redes sociales fueron la plataforma donde se comenzaron a burlar de muchas cosas: desde la altura del muchacho, hasta su forma de actuar, incluso llegaron a diagnosticarle autismo sin siquiera tener una sola prueba de que eso era cierto.

Pero, ¿qué sucedió? Que en medio del descontento que la figura de su padre provocaba en una parte de la población, hubo otros que, sin filiación política salieron en defensa del niño: Nada de lo que Donald Trump hiciera tenía que ver con la condición física de su hijo, eso es algo que a nadie le debiera de importar.

La razón y el sentido común prevalecieron hasta en los más furibundos opositores de Trump, que respetaron la privacidad del muchacho sin volver a mencionar ninguna cosa que pudiese afectarle.

A fin de cuentas él no había pedido tener la notoriedad que le otorgaba apellidarse Trump, de manera que hacer escarnio de él, era algo fuera de lugar.

Y así sucedió. Nadie más volvió a tocar el tema.

Pero en el caso de Veracruz, no se sabe a quién acudir para pedir respeto a tres niños, que han recibido ya bastante castigo en el último año: Los sacaron de sus escuelas, de su casa, se fueron a vivir a otra ciudad, lejos de su mundo. Su vida dio un vuelco de 180 grados, y de ser los hijos mimados de un gobernador pasaron a ser los parias a quienes quieren culpar también por los delitos de su padre.

De acuerdo a las informaciones, esos tres niños están aislados. No tienen amigos, no pueden hablar con nadie, durante meses no vieron a sus padres, tuvieron que vivir encerrados en una casa sin contacto exterior, y el futuro, es que tampoco podrán volver a estar con su padre como antes.

La paisana que inició esta columna sigue añadiendo: “Que el ex gobernador haya cometido delitos y sea odiado, eso es otro boleto y él tendrá que rendir cuentas, pero los niños no tienen culpa de nada”.