imagotipo

Que Dios nos agarre confesados / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

Esta conseja popular viene como anillo al dedo por las perspectivas que se observan en la economía global que parece deslizarse a un periodo de recesión por el decrecimiento de las economías de países como China, Rusia, India, Brasil, y desde luego la estadunidense. La propia titular del FMI, la francesa Christine Lagarde, ya anunció un crecimiento mediocre de la economía mundial, en el mejor de los casos, menor del 3 por ciento, lo que en los hechos significa un virtual estancamiento.

En el actual contexto mundial, se observan cambios geopolíticos insoslayables. El agotamiento del equilibrio de los bloques regionales y la crisis financiera global que se avizora, lo que ha provocado un pánico caracterizado por la alta volatilidad de los papeles financieros y las consecuentes caídas en las bolsa de valores más importantes del mundo. A este panorama incierto obedece el llamado de alerta que emitiera recientemente, el director del Banco de México, quien ante la mencionada volatilidad de los mercados financieros globales, instó a los gobernantes de los países emergentes a prepararse para una situación de crisis global, semejante- agregaría yo- a la del 2008.

En el mundo actual, no hay que olvidar que los controles económicos globales deben buscarse conjuntamente entre las grandes corporaciones, asociadas con los gobiernos de los países con las economías más ricas, los que se han adueñado del control de los procesos financieros y productivos y consecuentemente de la riqueza mundial. Y el fenómeno es de fondo, nos encontramos con una crisis cíclica del capitalismo avanzado -como diría el viejo Marx- que cada vez se vuelven más frecuentes en su recurrencia. Lo que no significa que se esté pronosticando el fin del capitalismo.

En nuestro caso, la economía mexicana tiene como horizonte para el 2016, un crecimiento similar de entre 2.5 y 3 por ciento, que se antoja optimista, sobre todo por el desempeño y la variación a la baja de indicadores fundamentales, que se deslizan por un tobogán que parece no tener fin, el peso frente al dólar cada día se deprecia más y, está por alcanzar el techo de los 19 pesos, pese a la subasta diaria de 400 millones que se inyectan al mercado, buscando estabilizar la paridad cambiaria. ¿No será ya momento de suspender esta sangría a las reservas del banco central?

Por otro lado y de manera concurrente, nuestro crecimiento económico y las presiones a las finanzas públicas se ven severamente afectados por la baja del precio del crudo, que esta semana que termina está alrededor de los 18 dólares el barril y la perspectiva es que continúe a la baja, acercándonos a nuestro costo de producción que según Pemex, está por los doce dólares, coyuntura que de presentarse seria catastrófica, más allá de que detener el demencial ritmo de extracción, nos beneficiaria en el largo plazo.

En este escenario global, quizá la única buena noticia es la celebración del 20 al 23 de enero, en Davos, el Foro Económico Mundial (FEM), al cual acudirá como muchos otros presidentes, y primeros ministros, el presidente Enrique Peña Nieto. A esta reunión concurren anualmente, quienes diseñan las políticas económicas y quienes realmente gobiernan al mundo, y se deciden las inversiones millonarias de los corporativos, funcionando como una especie de mercado en el que se ofertan oportunidades de hacer dinero. Y en esta ocasión, podrían enviarse señales positivas a los mercados financieros. Por lo pronto, como dicen los viejos de mi pueblo, que Dios nos agarre confesados.