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Que el cinturón de óxido se oxide más

  • Paul Krugman

  • Paul Krugman

Donald Trump ve al comercio internacional en la forma en la que ve todo lo demás: como una lucha por el dominio, en la que solo ganas a expensas de alguien más.

En su discurso de toma de posesión dejó eso perfectamente claro: “Durante muchas décadas, hemos enriquecido a la industria extranjera a expensas de la industria estadunidense”. Y ve a los aranceles punitivos como una forma de hacer que los extranjeros dejen de vendernos cosas y, así, revivir las “fábricas oxidadas que están dispersas como lápidas de tumbas por todo el paisaje”.

Desafortunadamente, como casi cualquier economista podría decirle –pero que, probablemente, no durante los tres minutos de su periodo de atención-, las cosas no funcionan de esa forma. Aun si los aranceles condujeran a una inversión parcial de la prolongada decadencia del empleo manufacturero, no se agregarán empleos netos, solo habrá un cambio de sitio. Y, probablemente, ni siquiera pase eso: es probable que, en conjunto, las políticas del nuevo régimen lleven a una disminución, más rápida en lugar de más lenta, de las manufacturas estadunidenses.

¿Cómo sabemos esto? Se puede examinar la lógica económica subyacente y también podemos ver lo que pasó en los años de Reagan, que, en cierto sentido, representan un ensayo general de lo que viene.

Lo que Reagan hizo fue inflar el déficit presupuestal con el gasto militar y los recortes fiscales. Esto hizo que subieran las tasas de interés, lo cual atrajo capital extranjero. La afluencia de capital, a su vez, llevó a un dólar más fuerte, lo cual hizo que las manufacturas estadunidenses ya no fueran competitivas. El déficit comercial aumentó; y se aceleró, pronunciadamente, el descenso de largo plazo en la parte de las manufacturas en el empleo en su conjunto. En forma notable, fue con Reagan que primero se generalizó hablar de “desindustrialización”, así como el uso del término “Cinturón del Óxido”.

¿Vamos a repetir esta historia? Es claro que el régimen de Trump para a inflar el déficit, principalmente por medio de los recortes fiscales a los ricos. Cierto, es posible que esto no estimule mucho el gasto, ya que los ricos van a ahorrar gran parte de sus ingresos inesperados, mientras que los pobres y la clase media enfrentarán duros recortes a sus beneficios. No obstante, las tasas de interés han aumentado en anticipación al incremento en los créditos, al igual que el dólar. Así es que sí parece que estamos siguiendo el manual de estrategias de Reagan para la reducción de las manufacturas.

Es cierto que Trump parece listo a practicar una forma muchísimo más extrema de proteccionismo que Reagan, quien evitó las violaciones descaradas a los tratados comerciales existentes. Esto podría ayudar a algunas industrias manufactureras. Sin embargo, también hará subir más al dólar, lo que perjudicará a otras industrias.

Y existe un factor más a considerar: la economía mundial se ha vuelto mucho más compleja en las últimas tres décadas. No se puede decir hoy día que algo está simplemente “hecho en Estados Unidos” o, para el caso, “hecho en China”: las manufacturas son una empresa mundial en la que los coches, los aviones y así sucesivamente, se ensamblan con partes que se produjeron en múltiples países.

¿Qué le pasará a esta empresa si Estados Unidos lleva un hacha para carne a los tratados que rigen al comercio internacional? Habrá, inevitablemente, un trastrocamiento enorme: algunas fábricas y comunidades estadunidenses se beneficiarán, pero se dañará a otras en grande, debido a la pérdida de mercados, a componentes cruciales o a ambas cosas.