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Que el mundo siempre no se acaba… / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Roma

De las decenas de miles de turistas que a diario abarrotan la Plaza de San Pedro, -bajo el papa Francisco tanto como en el tiempo de San Juan Pablo II- no falla que se hacen la misma pregunta mientras curiosos examinan las 140 imágenes de santos, santas, mártires y doctores de la iglesia que adornan las dos columnatas de Bernini que circundan el sitio más venerado por los católicos en el mundo.

Sin falta se preguntan:

“Donde está el lugar que dicen cada vez es más pequeño y que cuando no quepa un solo Papa más, esa será la señal del fin del mundo?”.

Otros van más allá…

“Ya no queda más que un sitio después del papa Francisco. Luego de él, a prepararnos para morir, porque el mundo se acaba”. Tan solo de escucharlos y escuchar a otros repetir algo sin ton ni son, es que la asignación lleva a conocer la verdad a medias de una leyenda que es al mismo tiempo un mito.

Nada tiene que ver con la Basílica de San Pedro, sino con otro sitio en Roma… La milenaria basílica de San Pablo Extramuros, que guarda celosa las reliquias de San Pablo, el llamado “Apóstol de los gentiles”. Aquí el abad Edmund Powers conoce el mito que le provoca risa.

“De siempre en esta basílica se ha tenido la tradición de tener aquí los retratos de los Papas. Es algo milenario. Tenemos desde San Pedro, pasando por los primeros siglos del catolicismo, el medioevo, los tiempos siguientes hasta llegar al papa Francisco. La tradición dicta que el retrato del Pontífice en turno permanezca iluminado hasta que muera”.

Aquí es donde en la nave lateral derecha el mito ha cobrado fuerza porque el retrato en mosaico veneciano de casi dos metros de diámetro del papa Francisco está seguido de un único espacio disponible. De acuerdo a las profecías de Nostradamus y de Malaquías, -ninguna de ellas aceptadas por la Iglesia católica- cuando ahí no quepa un solo retrato más, el signo del fin de los tiempos marca que habría llegado el final de todo.

Grave error dice el abad Power…

“La realidad es que efectivamente junto a Francisco queda un solo espacio disponible para otro retrato papal, pero creo que nadie de nuestro tiempo, ni de muchos años por venir debe sentirse preocupado porque el mundo se acabe de acuerdo a esas profecías, por una sencilla razón: aquí en la basílica todavía quedan… veintiún espacios disponibles para más imágenes papales, lo que significaría por lo menos un siglo más”.

Esa es la forma en que el peso de la verdad muestra algo indefectible… Pasarían quizá uno o dos siglos para que no hubiera más sitio.

Las matemáticas no fallan. Veintiún Papas no son pocos, y dependiendo de la longevidad del papado de cada uno.

Por ejemplo, si Juan Pablo II tuvo el tercero más largo de la historia, con veintiocho años, algunos más que vinieran en esos términos prolongarían aún más el tiempo.

“Por lo pronto -dice el monje benedictino- No hay razón para ninguna preocupación. Aquí estamos solo preocupados por tener a todos los Papas en una forma que se muestren al visitante como prueba de la continuación de la fe. Aquí están todos ellos, buenos y no tan buenos, porque por ejemplo el Papa Borgia no era por cierto un portento de virtud para reflexionar, pero lo que nos muestran es que con sus cosas buenas y sus debilidades, todos ellos representan la esencia humana de una Iglesia que está viva.

Salgo de San Pablo Extramuros respirando con tranquilidad. Visto así, al mundo aún le quedan muchos años por vivir. Amén.