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¿Qué estamos esperando?

  • Benjamín González Roaro

La semana pasada se presentaron los resultados de la “Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016”. A pesar de que se nos revela una situación verdaderamente crítica, resulta incomprensible el silencio mostrado por diversos grupos de la sociedad y, particularmente, de nuestra clase política.

Para esta última, sus prioridades se encuentran supeditadas a la disputa por el poder del próximo año. Y, en este contexto, tenemos a dirigentes partidistas más preocupados por asegurar su futuro político, a partidos negociando potenciales alianzas solo con el propósito de sacar al PRI del gobierno y aspirantes de todas las vertientes ideológicas -incluyendo a independientes- obsesionados en obtener la candidatura presidencial. Esta es la única tarea que mantiene ocupada a la clase política.

Hoy, la agenda nacional es la elección del 2018. El escenario y los actores políticos se mueven en una dinámica de negociaciones, promoción y reacomodos tácticos para el próximo año. Tal parece que, fuera de todo esto, ningún otro tema es importante: ni la violencia, ni la inseguridad y, en este caso que quiero comentar, el extendido consumo de drogas.

Los datos revelados por dicha Encuesta no pueden ser tomados a la ligera; destaco los más desafortunados:

Cada vez un mayor número de adolescentes, de los 12 a los 17 años, consumen drogas. En el año 2011 había 394 mil consumidores y para el 2016 llegaron a 888 mil 216. Un incremento cercano al 125%. Como decían los spots del Gobierno, estas noticias casi no se cuentan, pero cuentan mucho.

Lo más preocupante de la situación es que, las mujeres adolescentes representan el sector donde más creció el consumo: 222%, durante el periodo 2011-2016. En el caso de los hombres, fue de 78%. Aunque también habría que destacar que, entre la población de los 12 y 65 años, un 45% más de personas pasaron a ser consumidores.

La marihuana es la droga común entre los adolescentes, su consumo tuvo un incremento del 136%,  sin embargo, entre el total de la población también se registró un crecimiento, del 55%.

Al parecer, ningún sector de la población está quedando a salvo. Cada vez son más, desde los adolescentes hasta casi los adultos mayores, los que consumen drogas. Cada estrato de la población analizado presenta porcentajes al alza. Se trata de una tendencia y un fenómeno a nivel nacional. Esto significa que los diferentes grupos de la sociedad prácticamente están quedando a merced de la influencia de las drogas.

Es evidente que estamos presenciando la agudización de diferentes factores: la facilidad para conseguir las drogas, muy probablemente el bajo costo para acceder a ellas, el atractivo mercado que los adolescentes representan para los dealers, la expansión que siguen teniendo las redes del crimen organizado, la ineficacia de las políticas de prevención, la fallida lucha contra el narcotráfico y la pasividad de los distintos niveles de gobierno, entre muchas otras causas más que seguramente existen.

Por esta razón me cuesta trabajo comprender que se den a conocer resultados de esta magnitud y, simplemente, no pase nada.

Ante la serie de fracasos que están siendo exhibidos, las escuelas, los maestros y los padres de familia la tienen muy difícil, pues desde aquí debe fomentarse la consciencia en contra de las adicciones, pero para ello requieren el respaldo de todos.