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¿Qué falla en las consultas populares?

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

Difícil entender los resultados de la consulta popular este domingo sobre los Acuerdos de Paz en Colombia; tanto por el bajísimo número de votantes -37.44 por ciento- como porque no haya ganado el “Sí” que ratificaba lo firmado entre el Gobierno y el representante de las FARC.

No es una cuestión de si las encuestas fallaron nuevamente, sino de que se daba por hecho que estos Acuerdos abrirían una nueva etapa en Colombia. Este acto plebiscitario ha sido comparado, diferente a todas luces, con el de Gran Bretaña, de seguir dentro de la Unión Europea o salirse de ella, aunque los porcentajes de un “Sí” y un “No” hayan sido prácticamente los mismos. Lo mismo acaba de suceder en Hungría con casi la misma participación, en que se votó por aceptar o no el reparto de refugiados bajo el acuerdo con los miembros de la UE.

Tres casos recientes en que con diferentes motivos los gobiernos promueven la legitimidad de sus decisiones, a través de consultas en las que gana una mayoría, pero de una minoría que acude a las urnas. ¿Pero hasta dónde tendrán un valor legal si los resultados no son los que esperaban los gobiernos?¿O solo se buscaba fortalecer o quitar a quien está en el poder?

En Colombia está de por medio el proceso de paz que se complejiza más, porque la gente no acudió a emitir su opinión. En Gran Bretaña, están a la mitad de un camino en el que no saben cómo actuar. En Hungría, no podrán cumplir la voluntad popular de la minoría mayoritaria, porque solo puede operar en futuros acuerdos y no en los ya firmados.

Si se analizan los mapas electorales de estos tres ejemplos, se verá que los votos se diferencian por zonas donde la población se ve más afectada o en las que han resentido menos los efectos de las decisiones por las que decidieron votar.

Desde otro punto, en el caso de Colombia se habla nuevamente de un temor a salir a expresar sus opiniones por las secuelas que pueda tener su participación directa, o por otros motivos que estén de por medio y que rebasan a la población, como el que la oposición ha sabido mover más sus intereses con vistas a recuperar el poder. El caso es que ni todas las negociaciones de estos años, ni las grandes personalidades que intervinieron y ninguna ceremonia oficial pudieron convencer, de dar una oportunidad a las actuales generaciones, de un respiro por cierta paz con todo y los defectos de los Acuerdos. El resentimiento por el pasado tuvo mucho que ver. Se obliga a revisar de nuevo lo comprometido.

El caso es que se han abierto vertientes en la democracia -los plebiscitos y referendos- aún cuando formalmente no sean necesarios, que cambia el sentido de las cosas. Después de lo de Colombia y hoy Hungría, y previamente el Reino Unido, los gobiernos tendrán que reconsiderar estos mecanismos a los que echan mano. Hoy ningún jefe de Estado y ningún partido político pueden estar tan confiados.