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¿Qué ha cambiado a un año del caso Iguala? / René Arce Islas

  • René Arce

El 27 de septiembre del 2014 será una fecha recordada como uno de los acontecimientos en la historia de México que más cambios produjo. Los hechos lamentables que ocurrieron aquella fecha en Iguala, Guerrero, desencadenaron una serie de movimientos sociales y de acciones –o inacciones– políticas que más allá de enumerarlos, valdría la pena hacer un análisis de qué cambió a partir de entonces.

En el ámbito político, quedaron de manifiesto las redes de complicidad de Gobiernos municipales, estatal, legisladores y miembros de los partidos con el crimen organizado; la lucha entre cárteles y la impunidad con la que operan los mismos, han sumergido al Estado de Guerrero en una crisis social descomunal. Por otra parte, la incapacidad de reacción a tiempo por parte del Gobierno Federal manifestó el desconocimiento de la dimensión de los hechos y un peor control de daños al ser marcado como el principal responsable de los hechos.

Si a eso se le suman las contradicciones manifestadas entre la investigación de la Procuraduría General de la República y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, ha generado aún mayor desconfianza de la sociedad hacia el Gobierno federal. Es una excelente oportunidad de hacer un llamado para la intervención de un tercer punto de vista, donde organizaciones como la ONU podría ser ese fiel de la balanza que dé certeza, sobre todo a los familiares de los normalistas.

En el ámbito social, la indignación causada por la desaparición de los normalistas provocó un movimiento social en todo el país, el Caso de Iguala fue un factor de unión social en el cual la ciudadanía manifestó su hastío sobre las condiciones en las que vive el país y sin personajes que puedan cambiar la situación.

El movimiento social como tal, es algo fundamental del análisis que se debe hacer, ya que son estos movimientos sociales los que pueden producir cambios positivos en el país donde se desarrolla, siempre y cuando sea consciente del objetivo y no sea cooptado por otros intereses.

La virtud de los movimientos sociales, como menciona Dieter Rucht, se encuentra en la acción instrumental de los movimientos, la cual está orientada al poder, como vehículo de transformación, mediante la participación política, la negociación, la presión y la confrontación política. El poder de este movimiento social debería aspirar a hacer un cambio, pasar de la indignación a la propuesta.

Considero que el cambio que podrían exigir los participantes del movimiento y la ciudadanía en general, es la procuración del Estado de Derecho, esto debe de pasar de lo escrito a la acción, la ciudadanía no ve la aplicación de la justicia en los hechos diarios.

Hay que esperar si este Gobierno federal encabeza el cambio en la procuración de justicia y todos aquellos que deben pagar por sus acciones realmente lo paguen. Sin embargo, las señales que ha mandado en los múltiples conflictos de intereses y con el tema del crimen organizado, no hace pensar que sea posible que los cambios sean por iniciativa propia del gobierno. Es ahí donde los movimientos sociales cobran tanta importancia para presionar a que los cambios sean realizados.

Por último y no menos importante, debemos hacer un llamado para no hacer uso político de los normalistas. Las personas desaparecidas o asesinadas no deben ser punta de lanza para la “agenda” de un partido, merecen ellas y sus familias todo el respeto y apoyo, lo cual significa no usarlos de una forma tan vil como algunos actores lo están haciendo.

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