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Qué hacer III

  • Mireille Roccatti

*In mediusvirtus

  • Mireille Roccatti

Ante la proximidad del arribo de Trump a la Oficina Oval de la Casa Blanca tras el ritual a las orillas del Potomac del próximo 20 de enero de 2017, hemos venido reflexionando respecto de cuales pueden y deben ser las medidas y acciones a tomar por nuestro Gobierno, por diversas organizaciones empresariales y comerciales y por todos los mexicanos en conjunto.

Así planteamos que la defensa de nuestros connacionales debe iniciar en el propio territorio estadunidense, lo cual en buena medida ha instrumentado nuestra cancillería y recién se han anunciado medidas complementarias para recibir e integrar a los migrantes expulsados, a fin de generar empleos y atender otras necesidades básicas como vivienda, atención médica, escuelas y otras.

A continuación abordábamos el tema de los flujos comerciales al amparo del TLC o NAFTA por sus siglas en ingles. Afirmábamos que la revisión o denuncia del Tratado tiene sus propios plazos legales y debe observarse un procedimiento previsto y no arbitrario. Que la revisión por la contraparte estadunidense no implica necesariamente que los canadienses se adhieran a los planteamientos de nuestro vecino del norte. Que si había que preocuparse, pero sobre todo ocuparse.

La respuesta a esos sencillos planteamientos los testimoniamos en días pasados, cuando se anunció la integración de grupos mixtos de Gobierno con Cámaras industriales, empresariales y comerciales, así como de otras organizaciones sociales. La revisión no debe asustarnos, tenemos gente tanto del sector privado como del público, talentosos, preparados y conocedores del tema. Tenemos que explotar las ventajas comparativas, que en nuestro caso se han acrecentado después del tiempo trascurrido de la entrada en vigor del tratado el primero de enero del 94.

Lo que debemos tener muy claro y parece ser que por lo menos en el sector público, están conscientes de ello, es que se buscará en la revisión incluir temas, no estrictamente comerciales, como: gobernanza, respeto a derechos humanos, protección del ambiente, respeto a la legislación laboral interna, entre otros.

Al respecto, cabría recordar que como en toda negociación, hay que apoyarse en las fortalezas propias y explotar las debilidades de la contraparte. La verdad es que nos conocemos bien. Incluso hasta los negociadores resultarán viejos conocidos. Y será en la parte de barreras no comerciales donde las negociaciones habrán de endurecerse.

En cuanto a los flujos comerciales, la industria automotriz y manufacturera que arma en México y exporta a Estados Unidos, así como, todas las ramas industriales y manufactureras que nos venden, serán a nuestros aliados naturales, al igual que todos los exportadores de productores agroalimentarios, que no tendrían en su mercado interno donde colocar sus excedentes. Y Trump, sabe que su victoria electoral se cimento en los estados rurales productores de granos que venden buena parte de su producción a México.

Y todos los productores mexicanos que están exportando a Estados Unidos, además de los citados de la industria automotriz y manufacturera, pienso, en aguacate, tomate, berrys, carne y otros, tendrán su tarea.

Requerimos construir una gran red de llobby para que todos los beneficiados durante estas poco más de dos décadas del intercambio comercial binacional, se concreten en un magno esfuerzo para orientar el proceso de revisión del TLC en términos aceptables para las tres partes. Por cierto, Canadá, es más cercana en sus posiciones a México que a Estados Unidos, aunque en tiempos recientes, no los apoyamos en temas sensibles como el relativo a etiquetados.

En conclusión, tenemos y debemos que defender el interés de México, en el propio Estados Unidos y jugando con sus reglas que nos benefician, como el compromiso de sus representantes y Senadores con sus electores, más que con Trump o los de su partido.

* La virtud está en el medio. Es decir, alejada de los extremos.