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“¿Qué hubieran hecho ustedes?”

  • Betty Zanolli

“… un Estado corrupto que dirige un Caudillo longevo: … Cada seis años es transformado física y mentalmente y de nuevo se somete al voto popular, porque es demócrata. Y revolucionario.” (El gran solitario de Palacio, René Avilés Fabila)

  • Betty  Zalolli Fabila

¡Qué difícil es para el ser humano, sobre todo cuando es gobernante, afrontar el costo de las decisiones fallidas! El pueblo de México hoy en día así lo constata y confirma que no solo es demasiado, sino imposible esperar que la autoridad suprema rectifique sus actos de Gobierno, por excesivos e irracionales que sean. Lo más dramático es que la Nación entera está ya agitándose como en los tiempos modernos nunca lo había hecho antes, pero su voz cae en el vacío, precipitada en el pozo del desprecio, pues no existe para quienes detentan el poder y podrían dar marcha atrás al curso de dichas decisiones erráticas. Con ello, no solo la democracia termina pulverizada: la impotencia y frustración en el sentir popular se potencializan y la presión social cobra cada vez mayor fuerza, ya que los cauces institucionales se van estrangulando ante la cerrazón de un sistema político blindado ante cualquier impugnación. Y cuando el presidente de la República pregunta al pueblo de México “¿Qué hubieran hecho ustedes”? Él mismo se anticipa a responder, desconociendo el clamor creciente, flamígeramente condenatorio, de un pueblo largamente expoliado. Pero su explicación no convence, porque por años al pueblo se le prometió bonanza económica derivada de las “reformas estructurales” y “modernización” que “movería” al país y si algo se ha agudizado es la pobreza, la criminalidad, la corrupción, la impunidad, la inseguridad y la violencia en todos los órdenes. Y menos es posible creerle cuando afirma que el “gasolinazo” “se trata de un aumento que viene del exterior”, no a la Reforma Energética ni al aumento de impuestos. ¿Por qué desconocer que su fundamento fue la propia Ley de Hidrocarburos en su artículo Décimo Cuarto Transitorio, fracción I, que en materia de precios estableció que, “como máximo, hasta el 31 de diciembre de 2017 la regulación sobre precios máximos al público de gasolinas y diesel” sería establecida por el Ejecutivo federal?

Si el pueblo pudiera responder, efectivamente, a la pregunta formulada, su respuesta sería otra, categóricamente opuesta, porque ante todo, el pueblo legítimo, consciente y comprometido con México no hubiera destruido los pilares constitucionales sobre los que se erigía la justicia social de nuestro país. No hubiera pulverizado la propiedad social ni destruido al ejido, no hubiera finiquitado la seguridad social y la estabilidad laboral, no hubiera comprometido las aguas, playas, recursos fosilíferos, suelo y subsuelo continental y marino, en pocas palabras, no hubiera permitido el despojo criminal de sus recursos y territorio nacional, como en cambio sí lo hicieron sus representantes populares al traicionar vilmente la confianza popular en los poderes legislativo y ejecutivo –contando con el siempre “institucional” aval de nuestro máximo tribunal al momento de interpretar el “interés público”, que no es otro sino el que enarbole la política del régimen en turno-. Representantes populares emanados de un régimen partidista que ha secuestrado la voluntad de un pueblo de quien son su más grande verdugo. Por eso no causa sorpresa que los secretarios de Estado se sumen a la defensa a ultranza del gasolinazo al igual que el PRI en pleno, como sus fieles cancerberos, mientras el PAN deja oír su disenso, no obstante haber sido coartífice desde siempre y aún antes de nuestra debacle energética, en tanto que el resto de los partidos, en particular el PRD y Morena, se alistan a enarbolar su presunta bandera opositora sin dejar de navegar en distintas aguas, logrando al final una intervención absolutamente estéril porque también forman parte indisoluble de un sistema político putrefacto, al que no perturba que esto sea el inicio de una cascada inflacionaria inédita que incidirá brutalmente en la economía nacional, y que no sólo será de centavos, como algunos anuncian ofendiendo con ello la inteligencia y estoicidad de la sociedad mexicana. Sí, no cabe duda, estamos en una encrucijada y al borde de un precipicio que entre todos hemos abierto. Por eso cuando el titular del Ejecutivo Federal pide al pueblo “llevar la emoción a la razón”, él mismo nos conduce hacia un senda asaz intrincada, porque es justo desde la razón que el pueblo se cuestiona a su vez no qué hubiera hecho, sino por qué se hizo lo que se hizo, lo que ha desatado el profundo malestar y hartazgo sociales hondamente incoados en el ánimo social: si la gasolina de EU es la más barata desde 2004, si la captación impositiva se catapultará en vez de reducirse, si la relación del salario mínimo es abismalmente distinta con la de los países que venden más cara la gasolina, si la promesa fue que la competitividad y liberalización de su venta ofrecerían mejores condiciones para la economía, no su debacle total, si… en suma, muchas contra razones que cuestionan la decisión tomada. Por lo pronto, la condena social y las movilizaciones continúan y la insensibilidad inveterada de los que tienen en sus manos la solución, como son también los legisladores, se acrecienta. Lo grave es que, como lo ha evidenciado la historia, desoír a un pueblo ha precipitado siempre tragedias que han terminado derrocando gobiernos y ensangrentado el destino de una nación.
bettyzanolli@hotmail.com    @BettyZanolli