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¿Qué lenguaje es ese?

  • María Antonieta Collins

La mujer en el estacionamiento de un supermercado dio la orden a su hijo, un muchacho de unos doce años, y lo hizo con un lenguaje soez, sin importar el ejemplo que le daba: “¡quita ese maldito carrito…@#$%^ del espacio donde vamos a meternos!” Con la boca abierta vimos como aquel muchachito se bajó del vehículo manejado por la madre, y a patadas, empujó el carrito del supermercado sacándolo del sitio donde la madre, visiblemente furiosa por aquello que la bloqueaba, finalmente pudo entrar con su vehículo todo terreno, estacionándose sin más, no sin antes bajarse oronda de su actuación para entrar finalmente con el muchachito a la tienda.

Quienes veíamos la escena en el parqueadero nos quedamos helados.

Alguien a mi lado rompió el silencio: “Esos son los ejemplos que nos ha dejado el presidente Trump a todos: ser violentos verbalmente con quien podamos. Estos son los nuevos tiempos para todos, donde la prepotencia es la que manda. El fuerte es quien grita y amenaza”.

¡Cuánta razón tenía esa persona!

La famosa respuesta presidencial a Corea de Norte es la muestra más clara de la hoy ya famosa frase “Responderemos con fuego y furia” y que es solo la muestra de lo que a todos los niveles piensan miles, -republicanos, demócratas e independientes- especialmente preocupados por lo que una declaración del presidente de Estados Unidos, totalmente fuera de tono para su envergadura, pudiera provocar en perjuicio de los norteamericanos en general.

El primero en salir alzando su voz contra el impropio lenguaje del presidente Trump es el senador por Arizona John McCain.

“Los grandes líderes que he visto en mi vida en este país no amenazan a menos que estén decididos para actuar, y no estoy Seguro de que el presidente Trump esté listo para hacerlo”, explicó el senador por Arizona. “Un presidente que habla así tiene que estar seguro no solo de lo que puede ordenar cuando dice que va a hacer algo”.

La razón del senador tuvo más argumentos que nadie podía refutar cuando le preguntaron si lo que dijo Trump era una amenaza directa que ponía al país en grave peligro:

“No podría decirlo en este momento porque no sé que fue específicamente lo que el presidente quiso decir. Hace un rato que yo renuncié a interpretar cada cosa que dice. Lo peor es que ese tipo de declaraciones, esa retórica no estoy seguro de que ayude a nadie”.

Especialmente, no ayudaría, luego de la posibilidad de que un misil fuera lanzado en contra el territorio norteamericano de Guam.

“Hacer esas amenazas, aclaró el senador republicano, únicamente pone en peligro a Corea del Sur porque es un hecho de que sus vecinos tienen más de mil misiles dirigidos a Seúl, lo que provocaría sin lugar a duda, “fuego y furia” contra esa población”.

Republicanos y demócratas han llegado a las mismas conclusiones: Tenemos que ser firmes con Corea del Norte, pero violentas amenazas no son la estrategia para que el país pueda estar seguro de una acción bélica. La solución podía ser como explicara Dianne Feinstein, la combativa senadora: “Un presidente que habla de esa manera no está ayudando a desactivar la escalada nuclear con esos comentarios explosivos”. Todo esto explica el lenguaje bravucón que muchos se sienten empoderados para usar contra cualquiera en la vida diaria, y descubrirlo no requiere de profundo análisis. La pregunta es: ¿sabemos cuándo estamos cruzando esa delicada línea que se dibuja en la arena y que es cruzar el punto “del no retorno”?