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Que no crezca ni el pasto | Numerados | Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.- Más allá de la retahíla de nuestros avatares políticos locales, del rampante cinismo de sus estrellas marchitas; más allá de la misoginia del caudillo, para quien una mujer que brilla con luz propia a pesar de ser discretísima esposa de un expresidente de la República es la tuerca para que Calderón regrese al cargo. Más allá de la terquedad gubernamental de nombrar subsecretario de Gobernación a un personaje de reputación por lo menos dudosa, que ha debido renunciar por una orden de aprehensión girada por la autoridad electoral. Más allá del chantaje con que termina de desgastarse una justa indignación general en un plantón de simpatizantes de los normalistas del 26 brumario cerca de Los Pinos asesorados por los macheteros de Atenco, hay un drama mayor.

2.- El mundo se encuentra hoy (incluidos Iguala, Apatzingán y Matamoros) ante una amenaza actual de guerra. Las potencias han despertado tarde a la realidad del terrorismo más sofisticado que se ha conocido; cuando empezaron a publicarse las decapitaciones dos años atrás, la secta de trogloditas ya tenía todo el poder, todo el dinero y las armas, y toda la dominación doctrinaria que nadie se imaginó. Los servicios de inteligencia de los países mostraron su futilidad ante un fenómeno que estaba ahí, tangible, aniquilador, envenenado hasta las uñas de drogas idiotizantes, y manipulado por mentes educadas en las mejores universidades del planeta.

3.- Ya habían destruido tesoros arqueológicos de la Humanidad en Irak y Siria; ya habían desollado a cientos de inocentes en tiempo real; ya habían segado miles de vidas en ataques de los que no se tiene memoria, a la vista de todos quienes quisieron verlo, y se transmitían en vivo. Previo a París, días antes habían estallado un avión ruso con 224 personas a bordo; la víspera habían descarnado a 43 en Líbano. Tienen toda la propaganda que el führer jamás imaginó, y el mundo parece postrado a sus espadas medievales como habría querido Gengis Kan y no pudo.

4.- Ninguna religión en la Historia ha pregonado el odio, el miedo y la muerte. Estos caníbales no profesan ninguna: pertrechan su aniquilamiento desaforado en un Islam que aborrecen los musulmanes; invocan a un alá del que los sicarios no tienen la menor idea a la hora de gritar y blandir el sable descabezador, y dizque rezan antes de perpetrar su brutalidad bien maquillados ante las cámaras atónitas de las televisiones y las redes del orbe. Pero nadie había despertado del pasmo, hasta París el 13 de noviembre. A cualquiera le pasan sus derechos fundamentales por la charola de un aeropuerto, lo fichan como criminal confeso antes de pasar migración, pero estos caníbales poseen nacionalidad francesa, belga, inglesa o monegasca.

5.- Aunado al fenómeno que debe ser enfrentado y aniquilado, no con la saña que ellos presumen, sino al amparo de las duras leyes que los países aplican al viajero común, y al criminal peligroso; así como Hollande ordenó la baja de los asesinos de Charlie Hebdo hace 10 meses y como lo ha hecho en esta hora de agravio mundial, sin contemplaciones debe acabar este terror que nos consume a todos. Por ello, la imprudencia del presidente de Turquía de bajar un avión de combate ruso ayuda muy poco a destensar el ambiente entre las potencias y enrarece aún más el de por sí espeso clima de guerra. Se cierne la tormenta, decía Churchill.

6.- Cuando nos llama la atención el torrente de cinismo, la impunidad y las pifias de nuestra política parroquiana, podemos angustiarnos todavía más de una grotesca realidad a través del gran angular.

camilo@kawage.com

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