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Que no muera la letra impresa…

  • María Antonieta Collins

Desde Guatemala

Gretel Pasch, una guatemalteca que vive en Barbados,  bibliotecaria, e ingeniera en sistemas, me cuenta que hace unos días en Atlanta, entró en una tienda de libros usados en busca de algo especial. Al terminar su compra, el dueño del lugar con una empatía enorme hacia su trabajo le dijo algo que ella misma no entendía del todo…

“Mi hijo, un muchacho que estudia ingeniería en la universidad de Carolina del Norte, que es un chico enterado de todo lo que sucede por la internet, me dijo el otro día, cuando yo le hablaba de las suscripciones de los periódicos impresos: “Papa, yo no conozco a nadie que reciba en sus casas una suscripción de esas que tú dices. ¿Para qué se necesita tener un periódico impreso si todo lo tenemos aquí? No me puedo imaginar a alguien yendo a comprar un periódico, cuando todo se encuentra en mi teléfono o en mi computadora.”

Lo que me contaba Pasch me dejó helada y me produce una inmensa nostalgia que ambas compartimos:

“Es la nostalgia del periódico impreso que llegaba a la casa muy temprano, tenía todavía la tinta fresca, nos manchaba las manos de solo hojearlo. Era un formato fijo que uno aprendía a descifrar. Le gustaban a uno las secciones en particular e iba directamente a éstas.”

Le digo que para mí el periódico en la puerta es hasta hoy parte de mi despertar.

Me enseñaron a amarlos desde niña, cuando en Veracruz en casa, se recibía “El Dictamen” del que yo no entendía al principio, qué significaba que bajo su titular dijera que era “el decano de la prensa nacional” Le aclaro a Gretel que tengo la fortuna de ser de aquellos que si bien leen noticias por la internet, no puedo diariamente dejar de abrir un periódico o dos o tres, porque sin eso no siento que he comenzado mi día… Y ella me sigue contando más del mundo de los jóvenes y la letra impresa y lo que le sucedió con un estudiante de computación que le ayudaba a hacer unos informes.

“Le pregunté cuántos volúmenes había de una enciclopedia que necesitábamos, y me di cuenta de que no me entendía. Era sencillo: en su mente, para él existen los libros, pero no había visto una serie de cincuenta libros que estuvieran relacionados en una enciclopedia en volúmenes, en tomos. Cuando me di cuenta de aquello lo llevé al anaquel donde estaban: fácilmente descubrí que materialmente nunca había necesitado usar un libro de esos… nació en esta época, una época diferente a la nuestra. La mayoría de los estudiantes de ciencias no usan libros, todo lo sacan de bases de datos, de información, no de libros impresos.”

Le digo que eso es como un capítulo de “Vuelta al pasado” y ella me sigue contando…

“En el anaquel le ensené por primera vez lo que es una enciclopedia de cincuenta volúmenes y le explique que iba de la A a la Z y que por supuesto el primer tomo era la A, y que los libros se llamaban “tomos”, volúmenes. Aquel muchacho quedó sorprendido por algo que es parte de esta generación: para ellos los libros no existen físicamente porque los tienen en su teléfono, en la laptop reciben los correos electrónicos y tienen los artículos que quieren y que han buscado en la internet. Tienen Google scholar, todo está “en línea”, no necesitan de pasillos con anaqueles. Tienen los libros que quieren en sus IPad o Kindle”.

“Hemos llegado al punto en que la mayoría de jóvenes de la nueva generación no entiende palabras como libro o periódico impreso, tampoco qué es un tomo, un volumen y no hay que desesperarse ni protestar. Es entender que son otro modelo mental y simplemente para nosotros debe de ser importante saber cuál es el modelo mental de ellos.”

Doy gracias de poder navegar más o menos entre estos dos mundos: el escrito impreso y por supuesto el digital. Las gracias son por todos aquellos que han aprendido también a depender de lo que más les guste en un periódico en línea… pero, ayude a que no muera la pasión por la letra impresa. Se lo pido por favor.