imagotipo

Qué opinan los jóvenes y la violencia de género

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

El encuentro que tendrá el presidente Peña Nieto con un grupo representativo de jóvenes mexicanos, con motivo del IV Informe de Gobierno, será un ejercicio muy interesante en que los participantes opinarán sin cortapisas (eso esperamos) más que del Informe Presidencial, lo harán sobre la situación del país, desde su perspectiva y frescura.

No es difícil adivinar las temáticas en el que ellas y ellos hoy llamados “millennians” son la población mayoritaria del país: inseguridad, drogas, educación; y en particular de la violencia sufrida desde temprana edad, ya sea porque son víctimas o porque han caído en el desafortunado círculo de la criminalidad en todas sus variantes.

Al ser la violencia un problema estructural como bien se ha reconocido internacionalmente y al involucrar a todos los estados, la llamada plataforma “HeForShe: movimiento solidario para la igualdad de género ”ha cobrado relevancia en estos días.

De ahí que el hecho de que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cree un protocolo especial, anunciado por el rector, trasciende a todo el país, por su carácter nacional y sobre todo porque repercutirá ineludiblemente en el amplio sector que representan los estudiantes de nivel medio superior y superior. También va dirigido a todos los que dentro y fuera de los espacios académicos lo viven, o cometen estas violaciones a los derechos humanos.

Es una de esas ocasiones en que abiertamente se reconoce que en esta casa de estudios -y habría que agregar que desafortunadamente en todas las universidades mexicanas- se han expandido los casos de violencia de género, mayoritariamente contra las mujeres, según se reconoce en el propio Acuerdo expedido por el Dr. Enrique Graue y así la define: “Por violencia de género se entenderá el acoso, la intimidación, el hostigamiento y las conductas hostiles basadas en estereotipos de género; discriminación por motivo de género o preferencias sexuales y, por supuesto, todo tipo de abuso físico o violencia sexual.

Esto, para atender situaciones que se consideraban un tanto inusitadas, por ser las instituciones de educación superior recintos de educación y cultura.

En la medida que el Estado retome todos los caminos para la erradicación de esa violencia, desde la prevención hasta el castigo de quienes la cometan, será dar pasos agigantados para avanzar como parte de una civilización que deberá pretender la igualdad. Por eso también es de lamentar que el Congreso haya dado pasos atrás en la aprobación del matrimonio igualitario, porque se está reproduciendo un mayor rechazo por parte de los sectores más conservadores, a la población LGBTTTI.

Los jóvenes también se han convertido en carne de cañón. Ojalá que los ejemplos de otros lados sirvan para, en efecto, prevenir y atacar las conductas delictuosas en los diversos centros escolares, donde se han infiltrado estas prácticas de violencia y en donde los victimarios parecen haber encontrado un nicho para sus felonías.

De ahí que escuchar las voces de los jóvenes aún no siendo universitarios, nos dará una vez más la medida de los problemas que mayormente habrá que atender.