imagotipo

¿Qué país quieren los políticos de estas elecciones?

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

MIAMI, EU. (OEM-Informex).- Soy igual que millones en este país: trabajo, soy madre, soy votante independiente y lo aclaro al principio para evitar cualquier suspicacia. Al igual que millones, estoy harta de la más larga –desde junio de 2015- campaña presidencial y sin lugar a dudas la más sucia que Estados Unidos haya presenciado jamás.

El hartazgo, los insultos, los ataques sin final, la falta de límites, llevan a decir a quien tenga un solo gramo de sentido común: ¿En qué país queremos que los ciudadanos, sus hijos y nietos, crezcan? Cualquiera dotado del mismo sentido común tiene fácil la respuesta: No en el país que Donald Trump promueve como su promesa de campaña. No.

No en el país donde los “bullys”, es decir, los acosadores de otros, tengan el reino encantado porque un candidato “bully” lo autorice.

Este no es el país donde un candidato a la presidencia prohíba a periodistas que le cuestionan a entrar en donde él se encuentre. No es el país donde ser ciudadano signifique insultar a diestra y siniestra al que se atraviese, ni el país donde se pueda atacar por cualquier razón a quien sea: hombre, mujer, joven, anciano, jueces, comunidades o grupos étnicos.

No es el país donde la ambición de un político millonario pueda borrar con dinero las barreras y valores morales que no se deben cruzar: hablar sin respeto a aliados, a países vecinos, a cualquier otro ser humano que no esté de acuerdo con lo que se piense.

No es el país donde el cinismo mezclado con el dinero reine por sobre la razón, la concertación, el diálogo, el trabajo bipartidista para lograr que al fin del día se den leyes que beneficien a millones de ciudadanos que viven en este, sin lugar a dudas, el país más generoso de la Tierra.

Lo dijo León Panetta, el exasesor de Seguridad Nacional, luego de escuchar a Donald Trump hacer la última descabellada petición:

“Es inconcebible que un candidato a la presidencia de este país pida, como lo hizo Trump, que la Unión Soviética encuentre los email de Hillary perdidos, para poder atacarla mejor”.

Lo dijo también el vicepresidente Biden: “Donald Trump no tiene la menor idea de cómo debe comportarse un candidato a la presidencia de este país”.

No es el vaquero del oeste que entra a la cantina soplando el humo que sale por la pistola que usó en el duelo que acaba de vivir en plena y polvorienta calle y donde mató con ella al contrario.

Lo inconcebible es hoy lo más real: lo que los niños y jóvenes sentados en la televisión en Estados Unidos en estos días pueden aprender sobre la carrera electoral y aplicarla después a cualquier aspecto de su vida: que si se ataca, si se ofende y si no se tienen bases, pero si boca para hablar, eso es lo que cuenta. Es la lección del odio.

¿Acaso no somos nosotros los padres los que hemos enseñado a los nuestros que a pesar de las profundas diferencias que tengan con alguien siempre debe tratarse a los otros exactamente como queremos que nos traten a nosotros? La lección del candidato republicano es totalmente opuesta.

Lo más parecido a una campaña sucia políticamente hablando habría sido Richard Nixon contra John F. Kennedy y aquellos caballeros por encima de sus terribles diferencias y la forma de proceder de Nixon, hicieron que prevaleciera el oficio político.

Lo demás la historia lo ha consignado.

Pienso en el 8 de noviembre, cuando el voto muestre finalmente si el odio sin control borró al civismo y a la razón.

Y da miedo.