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¿Qué pasó?

  • Juan Antonio García Villa

Apenas unas horas después de que se reconoció a Donald Trump como triunfador de la elección presidencial estadunidense del martes pasado, el historiador Enrique Krauze se apresuró a declarar que el resultado de esos comicios y sus consecuencias previsibles sobre México, equivalen a un gran terremoto, como el de 1985.

Agregó que dichas terribles consecuencias, similares a las de una guerra, podrán no presentarse de inmediato, pero precisó -con el tono que acostumbra pontificar- que tarde o temprano las habremos de resentir. A manera de corolario, con voz grave y solemne Krauze hizo una convocatoria a la unidad de todos los mexicanos.

En notorio contraste, horas antes, incluso cuando los resultados definitivos de la elección aún no se conocían pero su tendencia ya perfilaba quién podía ser el ganador, López Obrador se permitió enviar un mensaje de optimismo a la población. La invitó a mantener la calma y le dijo que nada malo había que temer, toda vez que “el nuestro es un país soberano”.

Sin embargo, extrañamente, AMLO tuvo una notoria coincidencia con Krauze no obstante partir ambos de premisas diferentes, pues hizo idéntico y fervoroso llamado a mantener la unidad nacional. No fueron, por cierto, este par de personajes los únicos de relevancia en el escenario nacional en hacer la misma invitación a salvaguardar la unidad nacional. Entre otros, se cuenta el presidente Peña Nieto.

Le he dado vueltas al asunto y me doy por vencido. Lo confieso paladinamente. No veo, con toda franqueza lo digo, en qué pueda afectar el triunfo electoral de Trump o su ascenso a la presidencia de EU, la unidad de los mexicanos. Es decir, no alcanzo a advertir dónde o cómo se da la relación de causa a efecto entre una y otra cosa. Sinceramente no la percibo. Insisto, no por este asunto. A menos que sea Luis Videgaray, de nuevo, quien meta a la nación en ese brete de perder su unidad. Pero un solo golondrino, por muy influyente que éste aún sea –como parece- ante el huésped de Los Pinos, no hace la ruptura.

El exsecretario de Hacienda puede presumir que en agosto acertó, y no pocos le creerán, en aquella torpe decisión sugerida por él de invitar al candidato republicano a visitar el país, con el indebido otorgamiento de la categoría de jefe de Estado, que después hasta fue obligado a renunciar. Más que enfrentar, unió entonces a todos los mexicanos, desde el Charro de Huentitán hasta el mexicano del lugar más apartado, pasando por la totalidad de los editorialistas, analistas y académicos que se ocuparon del tema.

Más bien ese lamentable episodio ha de analizarse con todo rigor y mediante el uso de los mejores instrumentos que las ciencias sociales proporcionan, con el objeto de establecer si no fue más bien esa invitación la que catapultó la candidatura de Trump y la hizo aparecer como potencialmente triunfadora, según se encargaron de hacerla aparecer sus estrategas.

Hay más aspectos que deben ser abordados. Entre otros, por supuesto, el de las encuestas, que una vez más quedaron exhibidas como mera charlatanería.