imagotipo

¿Qué podemos festejar tras la vejación a nuestra nación?

  • Betty Zanolli

Odiumest ira inveterada

Cicerón

  • Betty Zanolli Fabila

Aquince años de distancia del ataque a las torres gemelas en Nueva York, el mundo no ha aprendido la lección. De nada sirvió sobrevivir a dos cruentas guerras mundiales y genocidios como el de Hitler, hoy está a punto de ser presidente de Estados Unidos uno de los hombres más nefastos de la historia, no solo reciente, sino de todos los tiempos, porque nada justifica a quien hace del odio su modus vivendi. El discurso y el actuar de Donald Trump son brutalmente perversos. ¿Nacionalistas, xenofóbicos? Por supuesto, pero sobre todo, misogénicos y el odio por ser el sentimiento más destructivo, ha sido siempre, inveteradamente, el motor de las guerras, porque el odio entre y contra los pueblos es tan antiguo como la humanidad, allí tenemos la trágica historia de discriminación milenaria contra los agotes en España, como lo ha sido contra los gitanos, hebreos, palestinos, y la lista es interminable. Al respecto, cabe evocar la respuesta que hace casi medio siglo el cardenal polaco König ofreció a Alfred A. Häsler cuando éste le preguntó en torno a si creía que el odio podría poner en riesgo la paz del mundo. Su respuesta fue por demás nítida y hoy se vuelve sobrecogedora a la luz de la conducta de Trump, cuando refiere: “Lo mismo que el abuso del poder constituye un grave problema en el mundo entero, de la misma manera me parece que constituye otro peligro tan grave el fomentar y atizar el odio; por ejemplo, en las cuestiones raciales, en los resabios de un falso nacionalismo, y sobre todo, en aversiones relacionadas con las ideologías. Las guerras hoy en día solo son posibles en la medida en que se consiga preparar para ellas a pueblos enteros o grupos étnicos mediante el fomento del odio. Me parece que ningún hombre de Estado osaría desencadenar una guerra sin sentir o saber que es capaz de poner al rojo al pueblo o a la comunidad a la que pertenece”. ¿Y qué hace Trump? Justamente todo para que el odio se convierta en el fuego vivificador de una guerra inminente, no solo contra los mexicanos, sino contra todo migrante, contra todo musulmán, contra todo el mundo, en pocas palabras. Por eso mismo ha anunciado ya cambios inminentes en los mandos de las fuerzas armadas cuando asuma la presidencia, por eso ya anticipó la declaratoria de guerra en contra de México tras su visita a nuestro país, y gran parte de los sectores más radicales de la derecha en Estados Unidos están prestos a seguir su vorágine asesina. No cabe duda: el mundo entero tiene encarnado en Trump a uno de sus más peligrosos y potenciales desestabilizadores de la poca paz que existe en el orbe. Sí, es parte de los tiempos que corren la agresividad y la violencia, la insensibilidad y la indiferencia, la frustración y la impotencia que nos gobiernan y enajenan, y es en este alarmante caldo de cultivo que la siembra dañina de Trump solo genera mayor odio, ira y desprecio en el seno de la humanidad.

Por eso, entre otras cosas, la condena prácticamente unánime del mundo entero a la visita de Trump a México como candidato electo de facto. Condena que unió –de modo inédito- a analistas, nacionales y extranjeros, de todas las corrientes y que explotó, feroz, desde lo más hondo de la sociedad mexicana y latinoamericana. Por eso, lo mismo Enrique Krauze que Jesús Silva Herzog, Jorge Ramos que Carlos Marín, The Guardian que The Economist, The New York Times que Los Angeles Times, se han sumado a la condena. Por eso mismo extraña la profunda tibieza de Andrés Manuel López Obrador y de los legisladores, particularmente del fútil y banal Senado. Por eso mismo de nada sirve que haya sido removido Luis Videgaray si su legado lo sobrevive. Demasiado tarde y totalmente estéril cuando el cruento daño está ya hecho, en el corazón mismo de la nación mexicana.

¿Festejar nuestra Independencia luego de haber sido vejados? Solo por un clamor a la fidelidad de nuestra esencia mexicana en contra de la opresión, como hubiera dicho José Matías Quintana, porque cada día estamos más lejos de aquellos que nos dieron Patria.
bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli