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¿Qué podría ser mejor?: ¿callar o advertir? / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

El mensaje de ‘Thanksgiving’ o Acción de Gracias del presidente Obama nos agarra en plena calle a los millones que vivimos en la Unión Americana.

En la redacción, el hervidero de ideas crecía alrededor del súbito anuncio de que Obama hablaría.

“¿Qué nos puede decir que no sepamos? decía una compañera, mientras otros especulaban con las razones. Es probable que quiera reforzar en el pueblo norteamericano la amenaza real que significa el terrorismo y aquellos que nos tienen en su mira.”

La realidad fue más palpable cuando el presidente, sin más, dijera que “no había amenaza ni especifica ni creíble de un ataque terrorista en el territorio continental”.

“Eso sí que estuvo muy mal. –Dicen a coro un montón de espectadores del mensaje-. Es provocar que las tragedias sucedan. Es como retar a esos enemigos ocultos a que salgan a hacer algo similar a lo que pasara en París”.

“Pueden decir: ¿Qué no hay nada creíble ni especifico? Pues aquí lo tienen. Y entonces provocar alguno de los terribles ataques contra gente inocente”.

Me pongo a pensar en eso mientras veo lo que sucede a nuestro alrededor: los aeropuertos lucen como nunca de congestionados ante las líneas de seguridad que se toman un buen tiempo con cada pasajero, no importa si tienen el pase rápido autorizado por un sistema global.

Otros lugares públicos tienen vigilancia a todas luces. Policías fuertemente armados custodian centros públicos de reunión para prevenir un atentado que pudiera realizar un suicida.

Los anuncios en medios de comunicación son directos: “Si ves algo, di algo”, pidiéndonos a todos observar y hablar, no quedarse nunca con la duda.

Si éste es el panorama, entonces ¿por qué el presidente dice que no hay razón para que estemos preocupados en estos momentos?

“Probablemente quiere calmar la histeria colectiva que amenaza la economía de las fiestas de fin de año -afirma una ama de casa-, que comienzan este viernes, luego del jueves de Thanksgiving”. Tiene razón. Con todas las amenazas andando, ¿quién quiere salir a festejar a un concierto o meterse en un centro comercial? Seguramente que serán miles los que piensen lo mismo y prefieran quedarse en casa y gastar en las tiendas con todas sus grandes ofertas en otro tiempo, o quizá esperar al “Cyber Monday”, el día mayor de las ventas por internet, que será el próximo lunes, donde no se requerirá más seguridad que la computadora de la casa a mano.

No hay familia dentro y fuera de Estados Unidos que no recomienden a los suyos lo mismo: “No vayan a centros comerciales en esta fecha, hay que evitar que pueda sucedernos algo si los terroristas deciden atacarnos. En los aeropuertos no olviden la sencilla advertencia: estar alerta todo el tiempo sobre paquetes o maletas que parezcan abandonadas; una vez detectado un objeto sospechoso, reportarlo de inmediato a seguridad. Y si ven a un individuo entrar a un restaurante con un arma en mano, tirarse de inmediato al piso, que las balas perdidas no van hacia abajo sino hacia arriba”.

Escucho esto a menudo, especialmente de gente que me quiere y que sabe que por mi trabajo paso más tiempo en un avión y en los aeropuertos que en mi propia casa.

Me espanto de escucharlos porque creo que tienen razón. Sus advertencias no son en vano porque todos hemos visto las horripilantes escenas, no solo de París, sino lo que hacen los terroristas para degollar a sus
rehenes.

Quiero pensar que es una pesadilla de la que vamos a despertar. Por lo pronto, el mensaje del presidente no calma y hace reflexionar en algo: en estas circunstancias ¿qué es mejor?: ¿callar o alertar?