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¿Qué pretende el Ejército? | Acontecer político | José Luis Camacho Vargas

  • José Luis Camacho

A 149 años de la salida de territorio nacional de las últimas tropas francesas que apoyaban a Maximiliano de Habsburgo.

El 7 de marzo de 2016, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, encabezó un acto por demás simbólico y relevante para nuestro país, pues se trató del más fiel recordatorio de la importancia de conmemorar nuestros Símbolos Patrios como el punto de identidad, unión y cohesión entre los mexicanos y como el mejor legado para futuras generaciones concreten lo que hoy nosotros estamos construyendo.

No hay duda que en los símbolos patrios se conjuga la historia, los anhelos, el orgullo y las convicciones de esta gran nación llamada México, siendo origen y destino de los que nos une, nos iguala y nos distingue frente a los otros.

Han sido el Himno, el Escudo y la Bandera el resultado de nuestro azaroso y progresivo paso por la historia y de la lucha por alcanzar los grandes ideales que han marcado los derroteros perseguidos a través de la lucha armada y de la vida institucional.

Símbolos que como fieles testigos del acontecer nacional han sido el faro que han alumbrado las noches más oscuras de las epopeyas nacionales y se han erguido henchidas de orgullo durante las gestas patrias de mayor esplendor.

Honrados por nuestra historia, las y los mexicanos identificamos en el Escudo y la Bandera nacionales al águila devorando una serpiente erguida sobre un nopal, como símbolo del poder del pueblo azteca y síntesis de esa mezcla de luz y tierra que nos ha permitido identificarnos como un pueblo agricultor; a los colores que a lo largo del devenir nacional se han consagrado como el estandarte que enmarca la unidad nacional, nuestra independencia política y la unión de diversas razas y visiones que han constituido la nación mexicana.

El Escudo, la Bandera y el Himno nacionales no solo nos distinguen a nivel internacional, sino que son el centro de nuestros afectos; en ellos residen nuestros sentimientos de identidad y pertenencia; nos recuerdan la tierra que nos vio nacer; y en las diferentes competencias nos impulsan a dar nuestro mejor esfuerzo para elevar aún más su honor y su gloria.

Sus modalidades y versiones fueron numerosas, pues la interpretación que cada régimen daba a su significado y al mensaje que buscaba enviar a la población fueron distintos, siendo el 20 de septiembre de 1916 a través del decreto expedido por el victorioso jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, que se recobra la usanza prehispánica y se determina establecer la normatividad básica que ordenó el uso de la Bandera Nacional.

Como si faltara algún motivo por honrar a ese mexicano que legó a las siguientes generaciones el germen de la vida institucional y de leyes que se desarrolló durante todo el siglo XX, la obra de Venustiano Carranza nos ofrece herramientas para seguir reconociendo a ese gran estadista que, aun enfrentando vicisitudes y resistencias, logró ser el último mexicano en convocar a las armas para hacer respetar las leyes que los propios mexicanos nos hemos dado.

Por ello, honrar a la Constitución es -sin duda- reconocer también nuestros Símbolos Patrios.

Y así nos lo ha recordado el Ejército mexicano a través del secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, quien como si no tuviera suficiente trabajo velando por la soberanía nacional, también ha demostrado que representa a la institución que, por excelencia, vela por la unidad nacional, por la observancia de la ley y por la armonía entre los mexicanos.

Muestra de ello es que el Ejército castiga la indisciplina y los delitos que el personal castrense comete, imponiendo sanciones en el 99 por ciento de los casos que llegan a tribunales militares.

En su intervención, el general Salvador Cienfuegos exhortó a la población a portar con orgullo, respeto y compromiso la Bandera Nacional, pues se trata del fiel recordatorio del símbolo de unión entre todos los mexicanos.

La invitación que hace el hombre que cuenta con una hoja de 52 años de servicio a esta institución que ha sido fundamental para el Estado mexicano, no es más que a sumar esfuerzos para concretar las nobles tareas en materia de educación, justicia, preservación del Estado de derecho, honestidad y cohesión nacional, que persona alguna puede negar en resumen los principales retos de hoy día.

La institución militar mexicana se ha consolidado al paso de los años no solo como el vehículo institucional que hace garantizar el respeto al marco constitucional y legal que existe en el país, sino también en el gran facilitador para superar retos que en ocasiones parecen infranqueables, pero que con la ayuda de las y los militares se han atendido y resuelto.

Lo que está haciendo el Ejército Mexicano es volver a cultivar el sentimiento de mexicanidad que en este contexto global e interdependiente pareciera flaquear en algunos momentos. Pero para recordar y reconducir el rumbo, México cuenta con su Ejército.

camachovargas@prodigy.net.mx

Twitter: @jlcamachov

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