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¿Qué tanto hace el poder civil por las Fuerzas Armadas?

  • Javier Oliva Posada

Londres. La insensata posposición por parte del Congreso de la Unión para discutir y, en su caso, aprobar la necesaria Ley de Seguridad Interior, más los sentidos discursos y pronunciamientos de funcionarios y líderes sociales expresando su reconocimiento a la incesante y fundamental labor de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública, en sustancia, no han cambiado la tendencia en cuanto a las expresiones criminales y de violencia. De nuevo hubieron de ser asesinados soldados por delincuentes para darse cuenta de la desarticulación en las estructuras locales y no pocas federales en materia de resguardo de la infraestructura crítica.

Cuesta trabajo atender/comprender las explicaciones sobre cómo es que ha crecido el delito de la sustracción ilegal de combustible, sin que hasta antes del 5 de este mes, luego del ataque a los integrantes del Ejército Mexicano, las autoridades no tuvieran conocimiento ni hubieran tomado las medidas necesarias para, al menos, reducirlo. Los desafíos al Estado mexicano lo son al conjunto de funcionarios, representantes y líderes políticos, sin excepción. De allí que resulte inexplicable que ante el asesinato de los soldados se pretenda extraer algún argumento (es un decir) en favor de posiciones que en nada contribuyen a retomar el camino de la paz y el desarrollo. Asistimos a un salto cualitativo y negativo en cuanto a los recursos con los que cuenta la dictadura del crimen.

La profunda fractura social que vivimos se agudiza y muestra en toda su feroz dimensión ante los momentos crisis a la depredación de los valores cívicos por parte de las actividades delictivas, ahora debemos adicionar la creciente apatía, tolerancia y en ocasiones complicidad de segmentos sociales. Cualquier explicación que se ensaye llegará a la misma conclusión: hay un desapego a las prácticas que generan colectividad, y por la otra, cumplimiento cotidiano de la ley. Ante eso, los representantes de la nación, me refiero por supuesto a los integrantes del Ejército Mexicano, Fuerza Aérea Mexicana y Armada de México, y que han persistido durante lustros en tratar de apoyar y revertir esas peligrosas tendencias, parece que no cuentan sino con el apoyo mayoritario de los ciudadanos de bien, pero sin el decidido apoyo institucional.

En recuerdo y memoria de cada militar caído en cumplimiento de su deber debe ser motivo, o debiera serlo en cuanto a la exigencia, para encontrar soluciones que demuestren en verdad que hay una secuencia y ruta a seguir. Las presiones desde varios segmentos del sistema político y del sistema social para intentar afectar el prestigio de las Fuerzas Armadas del país, de no ser contenidas, lograrán el falaz objetivo de ganar puntos para su causa, que por cierto, no es la de la nación. Muy sencillo: ¿a quiénes y por qué les conviene que no haya Ley de Seguridad Interior? ¿Quiénes y cómo se benefician de la falta de coordinación en acciones de seguridad pública? Más aún: ¿A quiénes y por qué les reditúa que nos hayan corporaciones policiacas eficientes y confiables? Estas preguntas, desde luego que tienen respuesta.

Los acontecimientos de El Palmarito en Puebla o el asesinato de integrantes de la Armada de México en Acapulco, son severas llamadas de atención respecto de las dimensiones del desafío que enfrentamos como nación. No hay espacio para más retórica o intrascendentes intereses electorales. Si es que se piensa en los intereses de México.
javierolivaposada@gmail.com