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¿Qué va a pasar en el primer debate?

  • María Antonieta Collins

Se que tengo que dar gracias a Dios por ir montada en un avión y no tener que pasar el pandemónium que se va a armar, tan pronto como el próximo lunes por el tan anunciado debate presidencial.

Voy camino a una asignación que no tiene nada que ver con política ni con Juan Gabriel, que ocupó buena parte de las veinticuatro horas de cada uno de mis días desde el 28 de agosto pasado, cuando el “Divo de Juarez” falleciera y me tocara ser parte de un equipo de guionistas que armaron su vida para ser dramatizada en una Docuserie de la cadena Univisión en cinco capítulos, uno cada semana.

Pero la pregunta es válida y es la misma que se hacen muchos.¿Qué va a hacer cada candidato?

Es previsible lo que el señor Trump puede hacer: comenzar con el “muro” prometido para cerrar la frontera sur a los indocumentados, que inundan las calles y ciudades de la Unión Americana.

Y de ahí seguramente que irá a atacar a su contraparte en el asunto de los correos electrónicos que ya no saben qué más sacar.

Imagino que la inteligencia y el oficio de la candidata demócrata podría callar al candidato republicano, que de política exterior y de planes en concreto no tiene mucho, y eso podría dar a sus electores la idea que es la persona que mejor podría llenar la posición de Comandante en Jefe, que dejará vacante Barack Obama el 20 de enero entrante.

Pero a decir verdad, no estoy muy segura.

Quizá los asesores del señor Trump le hayan prevenido de lo que es un debate y el impacto que tiene en los electores, especialmente los indecisos, para que le den a él su voto.

A esos no los puede convencer gritando ni quitando la palabra, ni lanzando sarcasmo e ironía, porque esa es politiquería barata.

A los independientes hay que cortejarlos con realidades. Son el grupo más difícil.

Saben que su voto cuenta y están esperando a darlo al que más capacidad tenga.

De manera, que si cualquiera de los dos quiere convertir el lugar del debate en un ring de boxeo, deberá antes pensar en las funestas consecuencias.

Está bien que todo el odio anti-inmigrante y el racismo oculto han aflorado en aras de dar un voto a quien ha prometido ilusamente “limpiar las calles de indocumentados”, pero eso solo es una ilusión barata que no conviene a nadie: ni a los empresarios que contratan mano de obra barata, ni al consumidor que paga menos por lo que tiene en la mesa y en la casa, y que hacen esas manos que no tienen permiso para vivir aquí pero que cuestan poco, y que, en resumidas cuentas traería consecuencias económicamente funestas hasta para los miembros de la famosa patrulla fronteriza.

¿Por qué? Me pregunta azorado alguien…Por la más elemental de las cuentas, que un miembro de esa organización hace tiempo me confesara:

“Cada vez que un político dice que hay que cerrar las fronteras y que no se debe permitir que vengan inmigrantes y que el plan tal o cual hará que lleguen cada día menos, yo tiemblo. ¿Sabe por qué? Porque los primeros en el desempleo si no hay ilegales que atrapar… vamos a ser nosotros mismos, los que ahora tenemos trabajo, gracias a que hay todo un aparato para detenerlos”.

Así que queda claro que el próximo lunes, los que puedan verlo, presenciarán el mejor examen para la presidencia de un país. Y nada más.