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¿Qué viva la novia?

  • La moviola/ Gerardo Gil

Hebecta (Syatoslav Podgayevskiy, 2016) película rusa del género de horror, apela a una tradición cinematográfica  que no le corresponde. Eso se nota y disminuye las posibilidades que el filme, en sus primeros minutos promete.

Porque la película se construye con base en las convenciones genéricas de Hollywood,  pero esos recursos se sienten forzados, mal utilizados incluso.  En su intención de parecerse a la muestra más convencional del horror, pierde la posibilidad de entregar una propuesta honesta y sobre todo efectiva.

A finales del siglo XIX, un fotógrafo agobiado por la muerte de su esposa y siguiendo la tradición de retratar a los muertos para mantener su espíritu, sacrifica, para completar el ritual a una joven virgen. Este hecho desata una maldición que se ha mantenido por décadas.

Ya en la época actual, un descendiente de este hombre, Ivàn  (Vyacheslav Chepurchenko), quien comparte la misma actividad de su antepasado (la fotografía y descuartizar novias, pero eso lo descubrimos más adelante), decide llevar a su prometida, Nastya (Viktoriya Agalakova) al pueblo donde creció para que conozca a su familia. Entre estos, destaca su torva hermana Liza (Aleksandra Rebenok) y sus dos gemelos, que por supuesto, pretenden dar escalofríos.

Ya con todos  reunidos, Nastya empieza a sospechar que le van a dar una calurosa bienvenida, muy al estilo de su familia política. El ritual está por iniciar y la estrella es la ingenua noviecita.

En medio de esa trama de regular interés, muy en el tono de wannabehollywoodense, se desarrolla un guion torpe y lento, en el que las acciones se desarrollan sin mayor lógica, como no sea el de buscar el lugar común del género.

Novias muertas que se aparecen, falso suspenso la mayor parte de la película y un clímax que grita su necesidad de parecerse a Hollywood, abortan una idea que en los primeros minutos parece atractiva, la parte inicial, en la que el fotógrafo que desata la maldición habita un mundo en brumas con una fotografía oscura. Son esos primeros momentos los que le dan la poca personalidad que tiene la película.

Eso sí, en un buen tramo del filme se permite sus exquisiteces, con varios planos oníricos  en los que la joven novia no sabe si lo que sucede es realidad o fantasía. Pero esto, llega demasiado tarde, cuando la película ha dejado claro su intención de ser una suerte de copia mal hecha de lo más convencional del género.

Eso sí, la película resulta una suerte de curiosidad cinematográfica, de esas que se convierten en citas medianamente cultas del género,  para verdaderos fans claro, y que de paso  pueden soltar una que otra carcajada en los momentos en los que la novia espíritu de marras se le aparece a la otra novia, que suplica ser fugitiva.
EN CORTO

Las hijas de Abril, quinto largometraje de Michel Franco, viene arropado por el triunfo en el Festival de Cannes en donde ganó el Premio del Jurado dentro de la sección Un certainregard (Una cierta mirada), además de ser distribuida por Videocine. Buena semana de estreno para este filme, en la que no hay blockbuster que acapare las pantallas.

Los filmes  de Franco gozan de buena reputación en un sector del público mexicano, digamos un tanto selecto, y más allá de los premios en festivales la verdadera prueba siempre está el día del estreno.