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¿Quién dice la verdad?

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

  • María Antonieta Collins

Que falten seis o siete semanas para la elección presidencial me sigue haciendo recordar cosas pasadas que vienen a la mente.

Hillary Clinton se enferma de neumonía, que en inglés puede ser, desde una gripa muy fuerte a la preocupante enfermedad, pero que aquí no mata a nadie.

Entonces, mientras su contrincante está enferma, el candidato republicano se va al programa de un famoso médico, el Dr. Oz y le enseña sorpresivamente un papel donde se encuentra el reporte de salud que le hiciera su médico, y donde muestra que tiene toda la salud del mundo, de acuerdo a su edad.

El Dr. Oz, un personaje mediático y al que recurren miles de telefanáticos, hace las observaciones correctas. Por principio le habla de que su índice de grasa corporal esta algo porque es obvio que se encuentra pasado de peso, no mucho, pero pasado.

“Bueno, -responde el candidato- es verdad que he aumentado unas libras, pero con los trajines de la campaña electoral, no hay mucho saludable que comer”.

Como testimonio están las fotos comiendo, eso sí, -en vajilla de porcelana de Sevres- un famoso pollo frito originario de Kentucky y también un taco estilo Texmex que según él le prepara su chef en las Trump Towers de Nueva York para conmemorar el Cinco de Mayo.

El Dr. Oz, cuestionado por la prensa luego de haber hecho la disección del certificado de salud que sorpresivamente le presentara el republicano dijo algo cierto:

“A mí me pareció que era, de acuerdo a sus años, un buen reporte y no podía decir otra cosa, pero mis comentarios son basados únicamente en esa evidencia que el señor Trump me estaba mostrando en ese momento: números de exámenes de laboratorio sobre colesterol, azúcar, en fin, pero no sobre ningún otro estudio que yo no hubiera visto. Hable sobre lo que se me mostró”.

He ahí la cuestión –dicen muchos-. La opinión del público escucha una cosa y de tanto repetirla la hace verdad. En este caso, lo que pasó en el programa de televisión y que no fue un estudio ni una serie de estudios a fondo que dieran como conclusión que la salud del candidato en cuestión es perfecta y a prueba de bombas es lo único que el auditorio mira.

Las preguntas entonces van en dirección al mismo candidato republicano… ¿Por qué si ha decidido mostrar ese reporte de su médico respecto a su salud entonces no decide dar a conocer los estados del pago de sus impuestos y lo hace igual de públicos?

Ahí sí que no hay respuesta, porque las cosas son, cuándo y como él decida.

En el otro campo de la batalla electoral, mientras la candidata se repone de la diagnosticada neumonía, su contendor no perdió el tiempo en hacer ver al electorado que, ella no tendría la fuerza necesaria que él tiene, para estar de pie hablando por lo menos una hora. Los vítores estallaron de inmediato.

Esto es como escaparate de tienda: lo que ven es lo que se vende.

Ahora, ciertamente para la candidata Clinton la cuesta electoral es hacia arriba, no por los emails ni los ataques, sino porque tiene que probar a sus electores que está completamente sana de los episodios que la han plagado desde aquel día en que múltiples coágulos sanguíneos alojados en su cerebro y que fueron tratados a tiempo, pudieron ser deshechos sin necesidad de cirugía, aunque por meses tuviera una doble visión como resultado de todo aquello. Por el contrario, si se ve desde otra óptica –aseguran otros muchos votantes- la fortaleza de Clinton para remontar los marcadores podría ser utilizada como estrategia para defenderse de los ataques provocados por el episodio de salud recién pasado.

En fin, que al final siempre queda la misma interrogante: ¿Quién en medio de todo esto, es el que está diciendo la verdad?