imagotipo

¿Quién habla mal de Miami?

  • María Antonieta Collins

María Antonieta Collins

Desde la capital del sol.
Quedé impávida al escuchar la noticia. Generalmente, como todos y por morbo, me gusta saber de esas encuestas que le dan a las ciudades en todas partes la calificación, pero esta vez, al escuchar las peores de Estados Unidos, no pude menos que decir en un mexicano acento: “Qué bárbaros, se pasaron”.

Hablo con miamenses como yo, que no nacimos en esta ciudad, pero a la que llegamos hace décadas y que no tenemos sino agradecimiento por ella y están igual de furiosos. ¿Quién es el que decide nombrar a nuestra ciudad con ese galardón?

Seguramente alguien en un escritorio sabrá Dios donde y que ignora tantas cosas que nosotros sabemos y por las que estamos orgullosos.

A esos hay que hacerles saber que ésta, nuestra Miami es la única ciudad donde no vivimos señalados. Es nuestra. Aquí quien no quiere a los hispanos tiene que mudarse fuera, porque si de algo se vanagloria esta comunidad, labrada con sudor y lágrimas por los cubanos que hace medio siglo la hicieron florecer, es que “aquí se habla español y al que no le guste, pues que camine para otro lado”.

Aquí la ciudad entera pertenece a los hispanos. No hay barrio. Miami entera es de quienes hablan español orgullosamente.Tiene alcaldes hispanos, tiene concejales hispanos.

Aquí es la fuerza del ciudadano la que impera. Y si no, como muestra un botón. Llegaron unos balseros cubanos hasta un faro en medio del mar. De acuerdo a la Ley de Ajuste Cubano tendrían que ser regresados a Cuba porque si no llegan a pisar tierra, no están bajo la protección de la ley.

De manera que de los veinticuatro balseros, veinte cubrían requisitos que parara el retorno a Cuba y fueron llevados a Guantánamo hasta que puedan venir legalmente. ¿Cómo se logró eso? Con las presiones del ciudadano que sabe mover las fichas políticas cuando es necesario.

Este también es el Miami de un exilio lleno de cariño por sus figuras. Hay que recordar la despedida de la gran Celia Cruz, y ni que decir de nuestra inolvidable, -en México y Miami-, Olga Guillot, velada en el Auditorio Municipal y después, camino a su entierro, la carroza hizo un alto en el Restaurante Versalles, su gran favorito, donde cenaba a menudo con el rey del “Tiki-Tiki, Mauricio Zeilic, su amigo de siempre.

Es el Miami de las protestas que cada día son menos porque la situación política ha cambiado, y Cuba y Estados Unidos reanudaron relaciones. Pero también es el Miami combativo de iconos como la periodista Ninoska Pérez-Castellón quien defiende hasta la muerte su punto de vista sin variar un ápice, algo que hasta los enemigos deben reconocer. Su voz ha sido siempre la misma.

Es el Miami del Southwest, donde vive la gente que si de algo se vanagloria, es de sus casas de colores alegres, siempre limpias, lindas y arregladas para recibir visita.

Este es nuestro Miami. Donde Gloria y Emilio Estefan han logrado su sueño de llevar el sonido latino al mundo y más aún: con “On your Feet” su vida narrada en el musical que arranca aplausos en Broadway hace que los americanos salgan deseando comprar boletos para venir a este Miami tan cubano y tan sabroso.

¿Qué por qué amo a Miami? Por lo que muchos. Me ha dado todo: espacio, afecto, es el sitio al que yo llamo “mi casa” y además, me recuerda tanto a mi Veracruz natal.

De manera que soy de los que quiere encontrar al que dijo que nuestra ciudad era la peor para vivir en Estados Unidos, para decirle como diría el slang cubano: “Mi hemano, ¿Qué volá?”