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¿Quién puede ser el próximo?

  • María Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

Estoy sentada en el Lobby de un conocido hotel de Miami Beach esperando por un matrimonio amigo a quien vengo a recoger para ir a cenar. De pronto, en el sitio donde hay televisores gigantescos la gente se arremolina a ver lo que es una noticia de último minuto.

Nadie entiende por qué Niza, el balneario francés está en medio de todo aquello, hasta que poco a poco se sabe del atentado terrorista con muertos y heridos.

La gente, en su mayoría europeos, está impactada, pero al escuchar a otros alcanzo a pensar en algo que no se me había venido a la mente.

“Qué bueno –dice una pareja de turistas- que decidimos venir a América y a Miami Beach. Aquí sería más difícil que algo así sucediera” La que hablaba con el esposo era una turista alemana. “No creas que eso es del todo verdad –dijo el marido-  Niza podría parecer muy lejos de aquí, pero podría estar más cerca de lo que podemos imaginar”.

Volteo a mi alrededor y veo millas y millas de playas paradisiacas y un malecón más pequeño que el Boulevard de los Ingleses de Niza, pero apetecible para las hordas turísticas que lo abarrotan cada día, a cualquier hora, por el simple hecho de poder decir “Vine a Miami Beach”.

Es cuando caigo en cuenta que, vivimos confiados y sin problemas porque las alertas que tan a menudo recibimos en las ciudades norteamericanas, con largas colas en los aeropuertos, con revisiones en las cercanías de las terminales aéreas, han funcionado desactivando posibles ataques terroristas que nos han librado de mucho, quizá más de lo que cualquier ciudadano pueda imaginar.

No hay fecha de grandes eventos públicos, llámese Superbowl, final de la Serie Mundial de Baseball, Día de la Independencia, Día de Acción de Gracias, en que las fuerzas de seguridad del país no se encuentren en una alerta más que especial sin despegar los ojos de los que podrían ser blancos posibles para deshacer cualquier macabro plan.

¿La razón? Que los servicios de inteligencia norteamericanos saben que esos son los días favoritos del terrorismo internacional para poder hacer su tarea con perfección: matando a cuantos puedan. Hasta ahora no ha sucedido nada después del amargo 11 de septiembre de 2001, pero a los expertos les preocupa lo que un desquiciado quisiera hacer ahora y sobre todo, dónde.

En general la gente en la calle piensa lo mismo:

“Nos preocupan ahora ciudades de playa como Miami Beach, sitio que asienta una gran comunidad hebrea, y que es como Niza, uno de los balnearios más populares en todo el Continente Americano. ¿Estamos listos para enfrentar un ataque similar como el de Francia? Aquí las cosas podrían tomar proporciones políticas inimaginables, especialmente porque en esta ciudad se asienta una de las mayores comunidades hebreas. Es el sitio donde no solo vienen de vacaciones, sino donde residen miles porque, por tradición es una zona donde fueron pioneros”.

No quiero imaginar nada, pero recuerdo una explicación que me diera un experto en contraterrorismo:

“En los servicios de inteligencia se trabaja las veinticuatro horas del día, y nos adelantamos a los acontecimientos. Luchamos porque no se cumplan los propósitos de los malos”.

Me calma recordar eso y se lo repito a quien con miedo pregunte: ahora, ¿a quién le tocará? Quizá es por esto que los turistas de Miami Beach se sienten seguros.

Y quizá tienen razón.