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Quienes se van y quienes se quedan

  • Rosamaría Villarello

Rosamaría Villarello

Lejos del Brexit, los oaxaqueños sufren la irracionalidad de unos cuantos.
Estamos en los albores de otra transformación mundial que marca al presente siglo. Después de la caída del Muro de Berlín, el famoso Brexites el arranque de una época que no se piensa nada fácil.

Un tema que si a los británicos arrepentidos les hubiesen explicado las cosas como hoy las percibimos, seguramente la mayoría hubiera votado por la permanencia en la Unión Europea (UE), pero ya las consecuencias mundiales se han dejado venir.

A favor o en contra, varios procesos se han abierto. En el todavía Reino “Unido” renace el clamor de la separación de Escocia e Irlanda del Norte y aunque parezca incomprensible, el propio corazón del antiguo Imperio Británico: Londres. Las manifestaciones contra las minorías, e inmigrantes comienzan a hacer su aparición con mayor crudeza.

¿Qué pasará con la Commonwealth? Comunidad de Naciones que integra todavía a 15 naciones de las cuales las más representativas son Canadá, Australia y Nueva Zelanda, que reconocen a la Reina como su jefe de Estado, simbólico, pero al fin y al cabo su oficial soberana? ¿Qué hará ahora Quebec? ¿Un nuevo referéndum, ahora sí con mayores posibilidades de separación?

¿Y qué hay del mantenimiento de la monarquía? Menuda herencia le deja Isabel II a su nieto quien seguramente se inclinaba como joven a permanecer dentro de la comunidad europea.

Por otro lado, la cercanía de las elecciones del domingo en España quizá contribuyó a que el Partido Popular ganara nuevamente y que se mantenga en la UE; pero no por ello se evaporarán los deseos de Cataluña y el País Vasco de independizarse, sobre todo tomando en cuenta que allí ganaron los de Podemos proclives a ello; aunque Unidos Podemos hayan quedado en tercer lugar general.

Falta mucho por ver: las intenciones de los separatistas belgas o las reacciones de Holanda o países nórdicos, tan afectos a la consulta sobre decisiones que hoy ponen en entredicho seriamente las acciones que se toman en el seno de Bruselas.

Las formas de la democracia, asimismo, se cuestionan; si la o las poblaciones deben ser consultadas en asuntos tan determinantes para que decidan los destinos de millones y millones de personasque quieren otra cosa. Nadie hubiese podido poner en duda que un mecanismo así hoy se debatiera como correcto, en naciones con una tradición democrática aunque sea una monarquía.

Como se decía en aquél decenio de los ochenta: estamos plenamente en un proceso de transformación: en un reordenamiento del orden mundial. No solo la caída de un sistema y el ideal de una Unión que está en juego; sino todo lo que se avecina en un escenario internacional con tantos actores de peso global y de las repercusiones en el resto de los países del mundo. Ni el discurso de un Presidente de Estados Unidos tuvo un efecto contrario.

Así es que hoy tenemos a unos que se van y otros que por lo pronto se quedan. Mientras tanto, a recomenzar de nuevo.