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Quiero ser abogado

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda

Entre quienes inician su aventura universitaria,estudiar la carrera de Derecho es una de las alternativas predilectas. Tan solo en 2015 se emitieron 33,631 cédulas profesionales.

Al impartir la materia de Derecho Procesal Civil, enel primer día de clase pregunté a algunos estudiantes la razón por la que habían decidido esa profesión.Los primeros en responder, entre titubeos y risa nerviosa,balbucearon cualquier cosa para salir del paso.Quizá no se atrevieron a decir que odian las matemáticas.Ya con la oportunidad de elaborar un razonamiento, las respuestas siguientes eran más o menos meditadas:que si les llama la atención los juicios, continuar con el despacho o la notaría familiar, que los campos de desarrollo y especialización son variados y otras por el rumbo.

En mi devolución, les hablé de que, efectivamente, existen múltiples opciones laborales.Puse de ejemplo la docencia o la investigación. O el litigio en las diferentes materias, actividad que exige preparación y personalidad.Comenté que, hay formidables litigantes en el país y nunca faltarán clientes para un abogado exitoso. También está la opción de la sacrificaday satisfactoria carrera judicial. Por último les dije (un poco en broma pero no tanto)que si de plano por duda, desinterés o incompetencia no servían para nada de lo anterior, pues siempre queda la opción de la política.

Ni uno solo de los cuestionados, cosa que les hice notar, dio una respuesta relacionada con la comunidad, con lo social, con los OTROS. Ni un solo comentario respecto al reclamo de justicia, la protección al débil, al vulnerable o al marginado. Tampoco nada se dijo sobre el abuso del poder ni de la nefasta corrupción que socava día a día,como la corrosión, a la Patria. Al parecer los tiempos actuales favorecen interpretaciones cínicas, individualistas, sin profundidad ni visión colectiva, con retóricos principios pero vacía de historia, de cultura.

Así, casi divagando, se llega a lo esencial: ¿Cuál es el sentido de una educación universitaria? ¿Adquirir habilidades con el único propósito de obtener un buen trabajo? Así el joven aprende a ser engrane sin idea de qué mecanismo está contribuyendo a activar. Ahí sólo queda generar ingresospara cubrir necesidadesartificiales que nunca se sacian y sólo provocan angustia e insatisfacción. Así, el nuevo profesionista cambia la sumisión del aula por la de la fábrica, el banco, la oficina. Educar es entonces preparar empleados, una forma de rentabilidad. La idea de triunfo está amparada por la noción de éxito: ascenso social y económico, cueste lo que cueste.

¿Y lo otro?. El pensamiento crítico, la imaginación,el sueño, el ideal. Eso es algo mal visto enun aspirante a profesionista.Un suplemento lujoso aceptable para quien tiene tiempo para desperdiciar.O para un loco transgresor.

El temario académico dice que debo, junto con mis alumnos, estudiar las pruebas en el proceso civil,conocer las etapas procesales, los términos para su presentación y desahogo y sus diversos tipos. ¿Y si en lugar de eso les pido que imaginen un nuevo sistema probatorio ya que el actual es ineficiente y discriminatorio? Si les digo que los peritos son algo así como matones a sueldo que elaboran sus dictámenes según la conveniencia del que les paga; que los testigos son aleccionados y con absoluto cinismo le mienten a la autoridad… No. Eso podría despertar su peligroso poder crítico. Imagine a más de treinta mil egresados al año, con conocimiento de las leyes y ejerciendo toda su espléndida capacidad de objetar un sistema. ¿Le asusta o le ilusiona?

Aprovecho para enviar a un abrazo a un excelente profesor universitario, gran amigo, quien desde hace 42 años me trata como hermano. Felicidades, Guillermo.