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Racionar las libertades | Numerados | Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.- La evaluación a los maestros en Michoacán, Oaxaca y Guerrero ha sido un éxito para los niños, para los docentes, para el Gobierno y para México, a pesar del fallido intento de reventarla en Acapulco. La sociedad exige que impere el orden y que gobierne la ley, no los delincuentes vividores del sistema, que lo habían ordeñado hasta el cansancio durante más de 30 años a ciencia y paciencia del Gobierno federal y de los Estados donde incubó su larva maligna, dejando a cuatro generaciones de niños y adolescentes en la orfandad educativa, con el perjuicio y el retraso de un país entero que no merecía ese castigo. Si solo fuera ése, el jalón que ha dado la autoridad en la materia merece un reconocimiento por separado.

2.- Pero más a fondo, es oportuno leer en la larga serie de sucesos en términos de la relación Gobierno-maestros-CNTE- sindicato-alumnos- país, un ejercicio total –hasta la desmesura del exceso, como ha sucedido- de las libertades individuales y colectivas, como se ve poco en otros países de la región y del mundo. No se daría un caso similar en la Cuba de hoy todavía; en Ecuador se antoja difícil y, por las vísperas que atraviesa, desde luego no en la entrañable Venezuela que hoy pasa por el amargo trago de votar a sus legisladores bajo la amenaza de un tiranuelo de salir a las calles a “defender” el triunfo de un difunto.

3.- Se ha tocado ya aquí el tema de un país de enorme riqueza, no sólo en el subsuelo, sino en una tierra que exuda bonanza y que falta aún por aprovechar; de un pueblo noble y bueno, al que le ha faltado por décadas el incentivo del esfuerzo, porque todo lo habían tenido en la abundancia de un petróleo que ha visto caer más de la mitad de su valor en unos meses; que ha perdido la libertad de dirigirse a sí mismo, en aras de un espejismo de corte totalitario; que ha perdido la posibilidad de allegarse los satisfactores mínimos por el racionamiento inexplicable de pasta de dientes.

4.- Aunado a ello, los venezolanos que han quedado en su territorio son los menos favorecidos, pues los grandes capitales y sus dueños hace mucho que lo dejaron, no solo para instalarse en Miami, sino en otros países, y a México ha llegado una numerosa migración que nos enriquece y que pasa poco apercibida, a diferencia de la española en los 40 y la chilena en los 70, tal vez por no provenir de una dictadura militar radical de derecha. A los ciudadanos de Venezuela que salen de su país en busca no nada más de champú y papel del baño, sino de condiciones básicas de libertad, y que llegan a México con su valía, su voluntad y su empeño, se les hacen pocas fiestas.

5.- Si el dicho del señor Maduro, de que saldrá a las calles a defender su triunfo, significa una amenaza más para coartar la voluntad ciudadana, que en las encuestas conocidas deja al chavismo bien extraviado en la votación, podemos esperar la exacerbación de la ira, la inquina y la desavenencia entre los venezolanos, que pueden trasminar hacia otros países de ese Cono Sur tan desventurado en sus privaciones, en sus megalomanías fallidas, en sus laboratorios políticos fracasados. El personaje podría dar una buena nota al mundo si, en caso de ganar las oposiciones, reconoce públicamente la derrota. Pero ésa es una quimera indigna del muerto.

6.- Además, sería una cátedra de democracia en un país malgastado y en desperdicio, y éstos no son demócratas; ni libertarios, ni emancipadores, ni adalides de ninguna clase. Son tiranuelos sin llenadera de poder. Ojalá que no corra sangre, por bien de la querida Venezuela.

camilo@kawage.com

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