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Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

El beso ruso entre hombres

Allá por los años 70 nos tocó visitar oficialmente la Unión Soviética. Moscú, Lituania, Georgia y otros sitios. Lo primero que nos impresionó a Régulo Cortez del Colegio de México; a Adulfo Domínguez, de la Universidad de Morelos y a este confesante, fue que los hombres del Politburó nos recibieran con besos en la boca, hubieran mandado mejor camaradas mujeres. Fue un shock. No he ido recientemente a Moscú, así que no se si continúen con esa extraña costumbre, que para quienes estábamos educados a la antigüita era repulsiva.

Ustedes, astuta lectora y sagaz leyente, recordarán la foto del beso entre Erick Honecker y Leonid Brezhnev, jefes de Estado de Alemania del Este y de la URSS; la foto fue de Règis Bossu el siete de octubre de 1979 en el 30 aniversario de Alemania Oriental como nación comunista. Erik también besaría en la boca a Mihail Gorbachov. Lo he evocado porque fue mi primer contacto con la prestigiada institución del Colegio de México y porque años después, su serio y confiable director, el maestro Víctor L. Urquidi, publicó en la Revista de Comercio Exterior parte de su histórica conferencia de Julio de 2000. 216 Comercio Exterior, Vol. 52, Núm. 3, marzo de 2002, en donde señalaba que “el problema de los desechos industriales que genera la actividad económica en México no es solo uno de los principales a que se enfrenta la política ambiental, sino el más grave de todos”.

“Afirmarlo no significa desestimar los efectos directos e indirectos de la depredación de los recursos naturales ni los de la contaminación atmosférica, que atraen la atención cotidiana de los medios. Del mismo modo, hay que salvar a las tortugas, las ballenas, las mariposas Monarca y todas las especies en peligro, y es urgente mejorar el ambiente en las zonas naturales protegidas.

“No obstante, los desechos industriales sólidos y líquidos constituyen un problema colectivo que involucra a la gran mayoría de la población urbana y semi-urbana del país, o sea a unos 75 millones de personas, sin que los medios o la misma conciencia ciudadana se preocupen. La basura, los desechos peligrosos, los desechos tóxicos, llaman la atención solo cuando se presenta un desastre o una catástrofe, cuando son la semilla de un desastre en materia de contaminación, que en algunos casos pudiera volverse irreversible. Partiendo de que toda actividad económica y social, toda transformación productiva origina desechos, puede preverse que, a menos que se introduzcan cambios radicales en la estrategia dirigida a reducir, controlar, tratar y reciclar los crecientes volúmenes de desechos, México estará cada vez más en camino de convertirse en un territorio pleno de inmundicia, incluidos sus recursos hídricos, sus zonas costeras, sus ciudades de diverso tamaño, sus lugares de recreo y las regiones aún no alcanzadas por la transición hacia actividades industriales y de servicios modernos y limpios. Estas tendencias pueden llevar a graves daños a la salud pública”.

Es inaceptable que no se facilite que cada entidad federativa tenga, por lo menos, un confinamiento adecuado y moderno para el tratamiento, disposición final y custodia de esos residuos industriales riesgosos. El peor daño que se le hace a este país que crece vertiginosamente, industrial y demográficamente, es que se siga tolerando que los residuos queden al garete o en la clandestinidad, o se proteja el monopolio. Los científicos y los ambientalistas serios, la sociedad y el Gobierno, deben apoyar la urgente instalación de Cimaris. Vea la ley.
rojedamestre@yahoo.com