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Raúl Aarón Pozos Lanz

  • Raúl Aarón Pozos

Inmersos en la globalización de las relaciones económicas, culturales, sociales, que nos lleva a una enorme competencia; conscientes de que los mexicanos tenemos que afrontar juntos esa competitividad, debemos por tanto prepararnos cada día más en todos los aspectos y sectores. Uno de esos sectores es el educativo.

Quienes hemos trabajado en el sistema educativo de nuestro país (fui subsecretario de Educación Básica en mi entidad, Campeche, y participo en la Comisión de Educación del Senado de la República) sabemos lo fundamental que es avanzar en un modelo de educación que, además de sus características de laicidad y gratuidad, sea de una gran calidad.

La Reforma Educativa que emprendió el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, avanza hoy hacia ese objetivo, el de un nuevo modelo educativo en el que participen, para su conformación, los que saben de educación, los maestros, los académicos, los expertos, pero también de la sociedad mexicana.

Es la razón por la cual, entre julio y agosto se efectúa una consulta para recabar la opinión social que servirá para la nueva propuesta curricular, a partir de la cual se elaborarán los nuevos planes y programas de estudio y los libros de texto. De este tamaño es el compromiso del presidente Peña Nieto con los mexicanos.

La construcción del México del siglo XXI, del México más libre y más justo que anhelamos, y la educación es uno de sus pilares, es responsabilidad del Gobierno de la República pero también de todos los mexicanos. De los que tenemos una responsabilidad pública y de los millones que no la tienen, pero cuyos hijos, nietos o sobrinos van a cursar o están estudiando en los niveles básicos, precisamente para prepararse y obtener un modo de vida honesto, que le permita su formación integral.

Uno de los propósitos de la reforma educativa es formar ciudadanos responsables, con capacidades críticas y analíticas que le sirvan al país; con conocimientos en tecnologías de la educación y de la información, capaces de expresarse y comunicarse correctamente en cualquier ámbito.

Adquirir estas fortalezas permitirá a los niños y jóvenes del nivel básico tener más confianza en sí mismos y en sus capacidades; relacionarse con personas de cualquier lugar del mundo globalizado y obtener mayores conocimientos que le sirvan a lo largo de su vida productiva.

Y algo muy importante que plantea este nuevo modelo educativo: hacer ciudadanos más conscientes de sus derechos y obligaciones cívicas, es decir, con valores firmes para conocer y respetar las leyes y los derechos humanos, para ser parte de una vida democrática que fortalezca a México.

La tarea no es fácil, pero tampoco partimos de cero. Nuestro país ya tiene una larga tradición educativa y trabajadores de la educación preparados, competitivos, conscientes de que su papel en la historia y formación del México moderno ha sido fundamental.

Ellos mismos, los maestros, los formadores de nuestros niños y jóvenes, están ante la oportunidad de participar con sus conocimientos en el enriquecimiento del nuevo modelo educativo.

Mantenemos un gran optimismo. La reforma educativa y el nuevo modelo educativo en formación, después de la consulta en marcha, seguramente permitirán a la sociedad en general, a los padres de familia, contar con una guía para orientar y alcanzar los fines educativos.

Nuestra Constitución nos obliga, en su artículo tercero nos dice que el sistema educativo debe desarrollar “armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.” En esa tarea estamos.