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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R Narro Lobo
  • Redes sociales, derechos humanos y corrupción

 

Los últimos años han sido de profundos cambios en la sociedad mexicana. Tal vez sin darnos cuenta, los mexicanos hemos cambiado de manera acelerada nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos y con el resto del mundo. Gracias a los avances tecnológicos, particularmente en lo que hace a la comunicación, así como al ensanchamiento de nuestros derechos, “hoy somos una sociedad más informada y participativa, pero también menos tolerante y más impaciente de lo que queremos”. Empero, pareciera que buena parte de la clase política y el sistema mismo en su parte estructural no han comprendido esto, y por lo tanto no han modificado su comportamiento y sus procesos.

Las redes sociales son uno de los tres grandes rubros en los que existe una distancia importante entre la sociedad y los políticos. Entendidas por los segundos como un medio de comunicación unidireccional en el que lo que parece importar es el posicionamiento del mensaje y no la retroalimentación por parte del receptor, las redes sociales se han convertido en el más relevante vehículo de demandas sociales que van desde reportar una fuga de agua hasta acusar la represión más brutal por parte de Fuerzas de Seguridad hacia una comunidad. Sin embargo, los políticos siguen pensando que Facebook y Twitter solo sirven para hablar –escribir– y no para escuchar –leer–.

Los derechos humanos son el segundo elemento de la nueva sociedad que sigue sin permear no solo en el discurso, sino sobre todo en los programas y acciones de Gobierno. No se ha logrado hacer entender a los políticos que “los derechos humanos no son una graciosa concesión del poder” ni están sujetos a la buena voluntad de los gobernantes en momentos en los que convenga disfrazarse de demócratas. Para muchos de ellos, los derechos de todos son un molesto obstáculo para el “buen Gobierno y orden social”, aun cuando para el resto son la base para construir una sociedad más justa y democrática en la que la desigualdad no sea regla, sino excepción.

Finalmente, el más dañino de los resabios del viejo sistema y que se ha vuelto intolerable para la sociedad, es la corrupción. Quizá como en ningún otro tema, en los últimos tiempos la sociedad se ha movilizado para pugnar por mecanismos y modelos que abatan la corrupción a su mínima expresión y castiguen sin clemencia a quienes sean parte de ella. Los políticos, no obstante, parece que siguen viviendo en una lógica no de ostentar el poder para servir a la gente, sino de conquistar un cargo para servirse de él y lucrar en su beneficio.

México ha cambiado. La sociedad de hoy en nada se parece a la de hace tan solo tres o cuatro lustros. Hoy nos movemos en redes, pugnamos por nuestros derechos y dejamos de solapar a los corruptos. Quien pretenda gobernar, desde el más sencillo y modesto de los municipios hasta el país entero, debe de escuchar nuestras demandas y necesidades, debe de comprender que la base de la democracia es la dignidad de las personas y debe de asumir que la función pública no es vehículo para llegar a la riqueza y la opulencia. Los mexicanos hemos cambiado.
*joaquin.narro@gmail.com Twitter @JoaquinNarro