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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

A Karen, esperando que su vida se llene pronto de logros y satisfacción

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • Frustración social, insatisfacción y juventud

Hoy no habré de hablar de política o derechos humanos. Tampoco invitaré a la reflexión sobre lo que sucede en nuestro país por tal o cual acción – u omisión – de Gobierno. Ni siquiera pretenderé que mis palabras muevan a las lectoras y los lectores al análisis de los distintos conflictos que hoy se viven en México. Hoy quiero hacer algo mucho más sencillo y el mismo tiempo más complejo. Sencillo por la naturalidad con la que ésto se presenta y complicado porque no resulta fácil de entender, procesar y asumir como una condición de los nuevos tiempos en los que transita nuestra sociedad.

En la actualidad, la insatisfacción y la frustración cada día se presentan más casi como una condición propia de nuestra sociedad. Pocos somos los afortunados que encontramos sentido y explicación a lo que sucede a nuestro alrededor y a lo que la vida nos coloca como nuestra realidad. Estoy de acuerdo que en muchos casos – cada vez más – la realidad es cruel y desgarradora y sería imposible intentar justificar el dolor, la injusticia o la pobreza que la caracteriza, como una situación a la que haya que resignarnos y aceptar en silencio. Soy de los que creen que en esta vida hay que luchar hasta el final para conseguir lo que se quiere, pero al momento de hacerlo los sentimientos de frustración e insatisfacción solo son lastres que nos hacen más lentos al punto de inmovilizarnos.

En muchas ocasiones he pensado en lo que nos pasa hoy en México, particularmente con los jóvenes, quienes cada día encuentran más difícil el poder alcanzar sus metas y aspiraciones y ello provoca estos sentimientos que ya hemos mencionado. Resulta que hoy vivimos en una realidad más compleja y que se encuentra, en la enorme mayoría de los casos, por debajo de estándares mínimos aceptables de condición de vida. Los ingresos y la calidad del empleo, la oferta educativa, los servicios básicos, la calidad de la vivienda, el tiempo libre y de esparcimiento, entre muchos otros, se encuentran por debajo de aquello que consideraríamos como apropiados de acuerdo a parámetros reconocidos como adecuados, justo e incluso internacionalmente aceptables.

En contraparte, las expectativas que hoy tiene la sociedad han crecido en parte porque es justo y correcto aspirar a contar con lo mejor, pero también a que la globalización, primero, y el extendido uso de tecnologías de la comunicación, después, nos han permitido conocer lo que sucede en otras latitudes y desear lo que hace 20 o 30 años era inimaginable. Así, la brecha entre realidad, estándar aceptable y expectativa cada día se hace más amplia y en medio de ella germinan silenciosos y peligrosos sentimientos de frustración e insatisfacción.

Si la lectora y el lector me lo permiten, a lo largo de las próximas entregas analizaremos este fenómeno que pone un nuevo ingrediente en la compleja mezcla social, en la que hoy se va formando un nuevo México.
* joaquin.narro@gmail.com Twitter @JoaquinNarro