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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • Frustración social, insatisfacción y juventud (II)

Una primera forma de aproximación al problema que hemos planteado tiene que ver con un diagnóstico certero sobre lo que está pasando en el país. Es innegable que las condiciones actuales, en lo económico, lo social, lo político, lo cultural, entre otros aspectos, son bastante menos que regulares. La crisis por la que actualmente atravesamos ha provocado que la sociedad mexicana, pero particularmente los jóvenes, vivan con un profundo sentimiento de zozobra y desesperanza. Aun cuando a mis 34 años me impiden hablar de un pasado remoto como si otras épocas hubieran sido parte de las mías, hace 10 o 15 años los jóvenes podíamos salir a las calles con mayor seguridad y sin miedo a un secuestro, un levantón, una ejecución o hasta una desaparición. En México hoy los jóvenes tienen que cuidarse mucho más por la crisis de inseguridad despertada hace ya más de un lustro y que parece aún no tocar fondo.

Cuando hace 11 años salí de la carrera, México pintaba un panorama diferente. Sabía que la competencia laboral sería descarnada y que muchos otros recién egresados aspirarían a las mismas plazas y espacios que yo. Sin embargo, y aunque debe reconocerse el gran avance que en los últimos años se ha tenido en generación de empleos, estos resultan cada día más insuficientes. Si bien es cierto que hoy como nunca se han creado nuevas fuentes de trabajo, también lo es que el crecimiento de la demanda supera con mucho al de la oferta. La incertidumbre que antaño existía para encontrar un empleo bien remunerado y acorde con los estudios realizados, hoy es una frustrante certeza. Cualquier joven que hoy egresa de la educación superior debe estar preparado para comenzar su vida laboral muy lejos de aquél lugar al que aspiraba tras cuatro o cinco años de estudio.

En 2006, año en el que obtuve mi título como abogado por la Universidad Nacional Autónoma de México, el país estaba en la clásica sexenal efervescencia. Vicente Fox culminaba su Gobierno y Felipe Calderón, Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador se disputaban la Presidencia. En general, la gente pensaba que Fox no había cumplido con las expectativas que se generaron tras la primera alternancia en el Gobierno y López Obrador venía saliendo de un proceso de desafuero que lo fortaleció y legitimó frente a los sectores más vulnerables de la sociedad. Felipe Calderón, joven pero experimentado político de cepa panista, terminó alzándose con la victoria por .56 por ciento de diferencia. Ese fue el escenario. Uno en el que la política y los ataques personales se entremezclaron, pero no uno donde la corrupción fuera el centro de la discusión. En 2018 los jóvenes habrán de votar en medio de acusaciones de un lado y de otro sobre corrupción, una corrupción que amén de los daños que provoca, deslegitima al ejercicio de lo político y genera la mayor desconfianza en cualquiera, en todos.

Ese es el diagnóstico que hoy se puede tener del México inseguro, con pocos y precarios empleos e inundado de desconfianza hacia lo político. Ese es el diagnóstico de lo que hoy nuestra juventud vive.
joaquin.narro@gmail.com   Twitter @JoaquinNarro