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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • Cuarto Informe de Gobierno

Esta semana el presidente de la República presentará al Congreso General su cuarto Informe de Gobierno. Al inicio del segundo año de la LXIII Legislatura, muchos serán los temas que diputados y senadores habrán de discutir a partir de la glosa que se lleve a cabo con la presencia de funcionarios a lo largo de las próximas semanas. El titular del Ejecutivo estrenará formato para dar a conocer parte de sus principales logros y lo hará frente a un grupo de jóvenes a quienes “contará las cosas buenas que pasan, pues esa también cuentan”, como reza la campaña en torno a esta obligación constitucional de rendir cuentas al país. Así la situación nacional a partir del primero de septiembre, uno de los meses más intensos en materia política.

Con el cumplimiento de la entrega del cuarto Informe comienza la recta final de la administración, la cual se antoja harto acelerada para el titular del Ejecutivo, su equipo de trabajo y la clase política, en general. Hace apenas unos días, una pequeña prueba de los tiempos políticos que vivimos se presentó, cuando comenzaron a circular una serie de rumores que señalaban que estaban próximos a hacerse cambios en el gabinete. Al poco tiempo, fue el propio presidente quien salió a atajar los cuchicheos políticos, señalando que no se requería de la presentación del Informe o de un aniversario del Gobierno para realizar ajustes, sino que estos podían realizarse en cualquier momento y sin pretextos preestablecidos en el calendario.

El país atraviesa por una situación crítica en la que diversas coyunturas se han sumado para colocar al Ejecutivo y su titular en una situación compleja que lo desestabiliza no solo a él y a su partido político, sino principalmente al país. Ahí está el conflicto magisterial que suma ya más de 100 días en los que parte importante de los profesores han demandado la abrogación de la Reforma Educativa y el Gobierno ha mencionado que la ley no se negocia. En medio, cientos de miles de niños han quedado atrapados, viendo cómo estas disputas comienzan a condicionar su futuro como jóvenes y ciudadanos. Con el paso de las semanas y los meses, es predecible que conflictos como el mencionado se hagan presentes y acoten aún más al Gobierno.

Frente a esto, se antoja como una de las poquísimas soluciones el que el Gobierno y su cabeza den un golpe de timón no por una cuestión partidista o electoral, insisto, sino por el bien del país, su estabilidad, su desarrollo y su imagen. No sé bien si este cambio deba hacerse a través de cambios en el gabinete, de anuncios espectaculares o de acciones específicas. Lo único que sé es que la política mexicana es de signos y símbolos, es de formas. La liturgia clásica de los políticos marca que estamos en los tiempos de comenzar el proceso sucesorio y con ella deben de mandarse señales claras sobre la ruta que se pretende caminar para los meses finales, así como sobre los personajes que habrán de encabezar la marcha. El Cuarto Informe de Gobierno marca, necesariamente, una de las últimas oportunidades para establecer el rumbo nacional. Ojalá esto sea visto a tiempo y se tomen las mejores definiciones para ello.
joaquin.narro@gmail.com    Twitter @JoaquinNarro