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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • La recta final

La política es, probablemente, la máxima representación de la vida de cualquier sociedad. No es difícil encontrar manifestaciones de nuestra cotidianeidad en el comportamiento de quienes participan en el ejercicio de lo público y, por lo tanto, comprender lo que en ella sucede es tan sencillo como entender las pasiones y temores que cualquier persona tendría con tal de conseguir lo que quiere. Pero amén del comportamiento individual, y de la misma manera que con la sociedad, el comportamiento de las personas no puede ser entendida como una situación particular, sino que debe ser vista como parte del proceder de un grupo en el que los intereses colectivos son prioritarios.

Por eso, el reciente movimiento en el gabinete del presidente Enrique Peña Nieto, en el que su hombre fuerte quedó fuera de la Secretaría de Hacienda, no puede explicarse como una decisión individual o incluso como un capricho ante una mala decisión. La salida de Luis Videgaray, pues, debe ser entendida como parte de la estrategia de un grupo en la que sin duda se privilegió la estrategia del colectivo en el poder por encima de sentimientos, vínculos, e incluso compromisos. Se equivoca quien piense que la exclusión del gabinete del otrora alter ego del presidente obedece simplemente a la reciente visita de Donald Trump. Es, en cambio, un movimiento que perfila la sucesión y posiciona a distintos actores de cara a la recta final del actual Gobierno, estrategia de la que el propio Videgaray forma parte.

No estoy convencido que en lo que resta del año vengan más movimiento en el gabinete. Contrario a lo que muchos señalan respecto de la necesidad de apuntalar al equipo del presidente, creo que esto no se dará durante lo que resta del año. Los nuevos tiempos de la política han adelantado la sucesión, y en el tercio final de la actual administración, sería iluso pensar que cualquier movimiento obedece a una lógica de Gobierno a partir de metas y resultados en la gestión pública. A partir de este momento, cualquier señal mandada por el titular del Ejecutivo tendrá como finalidad perfilar a aquellos con posibilidades reales de competir en contra de un candidato que cumple una década en campaña y un partido reposicionado por las recientes victorias locales en la mayoría de los Estados que recién vivieron elecciones.

Juego nuevo para quienes forman parte del equipo del presidente Peña Nieto, pero también para la oposición y todos los ciudadanos. A partir del más reciente cambio, que para algunos ha sido considerado como simple consecuencia del más reciente conflicto diplomático-electoral, la sucesión toma un nuevo derrotero y la selección del candidato priísta pierde a uno de sus más avezados competidores. La designación del candidato priísta comienza desde ahora. Para quienes dan por muerto a este partido, conviene reflexionar de nuevo. El PRI competirá desde el Gobierno y desde ese lugar de desgaste, pero también de privilegio, habrá de pelear a muerte para mantener el poder por otros seis años. Juego nuevo. La moneda está en el aíre.
joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro