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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • Yo defiendo los derechos humanos

 

En México pareciera haber un debate sobre una cuestión que muchos hubiéramos pensado que estaba superada. Importantes sectores en el Gobierno, pero también en la sociedad, confirman con sus actitudes y comentarios que en nuestro país sigue sin entenderse qué son los derechos humanos. Como consecuencia de este desconocimiento, quienes defendemos los derechos humanos -sin importar si dicha batalla se libra desde el ámbito público o privado, nacional o internacional- somos presas de descalificativos tan absurdos como señalar que defendemos delincuentes, hasta de agresiones tan fatales como la desaparición o la propia muerte.

Nuestro país atraviesa por una compleja coyuntura difícil de explicar en cuanto a su origen. Como la eterna pregunta sobre el huevo y la gallina, en México no es posible responder con absoluta contundencia si la crítica situación es la que genera las reiteradas violaciones a los derechos humanos o si, más bien, éstas provocan aquella. Causa y efecto, en este caso, es lo mismo. México se ha descompuesto en aspectos tan elementales como la calidad de vida de las personas, la seguridad de la propiedad y el patrimonio, el desarrollo y la movilidad sociales, la procuración, administración e impartición de justicia, entre muchas otras.

En este panorama en el que no sabemos si la violación a los derechos es causa o efecto, muchos nos hemos asumido, por profesión o vocación, como defensores de derechos humanos. Sin embargo, como señalamos al inicio, nuestra labor sigue sin comprenderse a cabalidad. Quienes defendemos derechos humanos defendemos la dignidad de las personas y el cumplimiento de la ley. Lo hacemos frente a posibles acciones u omisiones del Estado por descuido o mala fe. Quienes defendemos derechos humanos defendemos la posibilidad de cualquier ser humano de contar con un marco jurídico -nacional e internacional- que se respete y le permita desarrollarse a plenitud y con dignidad como persona.

Los derechos humanos son aquellos inherentes a cualquier persona por este simple hecho y que el Estado está obligado, en todos sus niveles y órdenes, a respetar, promover, garantizar, proteger y reparar. Los derechos humanos no distinguen edad, nacionalidad, condición económica, discapacidad, orientación sexual, género, origen étnico, o cualquier otra condición que determine nuestra individualidad. Los mismos derechos humanos tiene un próspero empresario de Santa Fe que una niña tzotzil de Zinacantán. Para los derechos humanos no existe distingo entre una transexual adulta mayor, una mujer con discapacidad, un soldado con VIH, un varón sentenciado por un delito o un migrante hondureño. Todos somos personas. Todos valemos lo mismo. Todos tenemos los mismos derechos humanos. Todos tenemos dignidad.

Por eso no entiendo las agresiones y descalificaciones a quienes defendemos derechos humanos y con ello la dignidad de las personas y la legalidad de nuestro Estado. Como sociedad, defendamos los derechos de todos y reivindiquemos a quienes han entregado su vida a ello. Yo defiendo la dignidad y la legalidad y te invito a que te sumes a la defensa de los derechos de todos para que digas con orgullo: #YoDefiendoLosDDHH.
* joaquin.narro@gmail.com             Twitter @JoaquinNarro