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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R Narro Lobo
  • El día siguiente a la elección

 

El día de mañana el país más poderoso del mundo definirá en las urnas su futuro para los próximos cuatro años y con ello sellará el destino de millones de personas que, sin ser estadunidenses, nos veremos afectados por el resultado, sea cual sea. En una campaña en la que por encima de las ideas y propuestas han privado los ataques, descalificaciones y pifias de los dos principales candidatos, lo que más preocupa es que la mitad del país más poderoso del mundo viven bajo una lógica de odio, resentimiento y descalificación hacia aquello distinto por motivo de raza, religión, nacionalidad, condición migratoria y hasta género. O lo que es lo mismo, para la mitad de los estadunidenses los problemas de aquel país son los musulmanes, los mexicanos, las mujeres, los afrodescendientes, los migrantes y todo aquel que no sea varón blanco con cuando menos tres generaciones de antepasados norteamericanos.

Soy de los que creen –y quieren– que mañana por la noche se anuncie el triunfo de Hillary Clinton quien, a pesar de ser una muy mala candidata, no ha hecho de la descalificación a las minorías su argumento para querer gobernar aquel país y mandar sobre la política internacional de occidente. Sin embargo, soy también de los que saben –y lamentan– que el miércoles por la mañana Estados Unidos será uno muy distinto al que era antes de Donald Trump y su campaña de odio, pues más del cuarenta por ciento de la población amanecerá con ese sentimiento de desprecio y rechazo hacia todos quienes sean distintos a lo que ellos consideran como lo correcto y aceptable.

Más allá del resultado que pueda darse allá del otro lado de las fronteras, preocupa que en pleno siglo XXI sigan existiendo mentes y conciencias que hagan del odio, la exclusión y el rechazo su principal causa de vida. Es lamentable que un personaje como Donald Trump haya pretendido convertirse en presidente de los Estados Unidos, pero más lo es que millones de personas coincidan con esta forma retrógrada de ver y entender a sus semejantes. Ese desprecio que durante los últimos meses alimentó Trump hoy ha despertado a viejos demonios de la intolerancia y la discriminación que muchos pensábamos desterrados después de las cruentas luchas de minorías que primero abolieron la discriminación y después obtuvieron el reconocimiento a sus derechos civiles y políticos.

Estoy convencido del triunfo de Hillary Clinton y que México no deberá sufrir con un Gobierno que pretende expulsar de su territorio a nuestros paisanos y que incluso se construya un muro a partir de las remesas producto de su trabajo y que sirven para dar a sus familiares un poco de lo mucho que no les hemos dado en su propio país. Insisto, empero, en mi preocupación central sobre aquellas mentes retrógradas que viven a partir de los postulados de la campaña de Donald Trump. ¿Podrán Hillary y su Gobierno acallar las millones de voces que gritan enardecidas por el restablecimiento de políticas racistas e hiper nacionalistas en demérito de la dignidad de los estadunidenses y del mundo entero? Ya lo veremos a partir del día siguiente a la elección.
*joaquin.narro@gmail.com    Twitter @JoaquinNarro