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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • Las lecciones después de Trump

La noche del martes 8 de noviembre, decenas de millones de personas en todo el mundo veíamos con incredulidad y desesperanza los primeros resultados electorales que anticipaban el arribo a la presidencia estadunidense de Donald Trump. Conforme avanzaba la noche y el mapa de aquel país se pintaba de rojo en estados clave para la causa de los demócratas, la incredulidad y desesperanza se convirtieron en temor y frustración. El candidato que había hecho del odio, la segregación y el resentimiento los fundamentos de su campaña se convirtió en el Presidente número 45 de Estados Unidos de América.

La victoria de Donald Trump nos deja varias lecciones que debemos aprender de cara al proceso electoral que habremos de celebrar en 2018. La primera de ellas y la más importante por sus causas, es el triunfo de lo anti sistémico por encima de lo político. Donald Trump fue un candidato que confirmó que los ciudadanos están hartos de un sistema político que ha privilegiado los intereses de los mismos de siempre –el propio Trump entre ellos– y ha olvidado a los ciudadanos comunes y corrientes. No solo en Estados Unidos, sino en otros rincones del mundo, los ciudadanos buscan nuevas opciones de gobernantes que vayan en contra de un sistema caduco y nocivo, aún cuando el remedio sea peor que la enfermedad.

En segundo término, los encuestadores volvieron a fallar dramáticamente. Igual que en Colombia o Reino Unido, las principales casas encuestadoras de Estados Unidos daban a Hillary Clinton una ventaja relativamente cómoda apenas el día previo a la elección. Como todos sabemos, esto resulto totalmente falso, pues aún cuando el voto popular favoreció por una mínima diferencia a la candidata demócrata, la cifra relevante consistente en votos del Colegio Electoral fue muy superior para Trump. Es momento de voltear a ver ejercicios de medición distintos a los tradicionales como aquellos que comienzan a realizarse a través de redes sociales, como Facebook, y que han demostrado una mayor efectividad.

Finalmente, una tercera lección digna de ser aprendida consiste en la falta de interés que la política provoca entre los jóvenes. Aquel grupo poblacional definido como los millennials volvió a ser el gran ausente en las urnas, cuando menos en la proporción que se esperaba de acuerdo con su activa participación política a través de las redes sociales. Los jóvenes generaron buena parte de la opinión pública alrededor del proceso electoral, pero al momento de manifestar su preferencia a través de una boleta, quedaron a deber a la democracia norteamericana.

En menos de dos años México vivirá un proceso electoral sumamente complejo dada la situación general que se vive en el país. Problemas añejos como la pobreza, la inseguridad y la falta de oportunidades, el desencanto por un Gobierno del que muchos consideran que ha quedado a deber, así como la falta de consenso en lo fundamental, hacen que el escenario no sea precisamente sencillo. No estaría de más que aprendiéramos del caso norteamericano y que asimiláramos cuanto antes las lecciones después de Trump.
* joaquin.narro@gmail.com      Twitter @JoaquinNarro