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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R Narro Lobo
  • La violencia de las redes sociales

Las redes sociales digitales son una característica de la sociedad en la que actualmente vivimos. Redes como Facebook, Twitter, Whatsapp o Instagram, entre muchas otras, nos han permitido acercarnos con aquellos que estaban lejos y con los que ahora se puede mantener contacto a pesar de la distancia, de los distintos husos horarios o del tiempo sin saber de ellos. Paradójicamente, mientras que en lo individual las redes han servido para una cercanía jamás imaginada, han provocado nuestro distanciamiento como individuos parte de una sociedad.

Escribo esta columna después de una conversación con Karen, mi novia, y quien precisamente se dedica a la administración y diseño de estrategias de comunicación en redes sociales, y tras haber leído una columna del magnífico periodista Federico Arreola. En el caso de la columna publicada en SDP Noticias, y después del hashtag #NiñosTeletónDanAsco, Federico reflexionaba sobre lo deshumanizados que nos han hecho las redes sociales, al ser capaces de burlarnos incluso de una niña o niño por el simple hecho de tener una discapacidad. Hablaba Arreola de lo señalado por Paul Schrader sobre la cultura del odio en la que muchos viven.

Con Karen, la reflexión versó sobre dos casos. Primero el de Rubí, una quinceañera potosina a la que sus padres organizarán una fiesta y que ha sido tomada por millones de cibernautas como el mejor pretexto para burlarse de su condición social y encontrar en la buena voluntad y el amor de sus padres el motivo para el escarnio, por lo que se considera chusco. En segundo término, el video en que la dueña de una perrita de nombre Mika pedía ayuda para encontrarla, después de haber sido extraviada por una aerolínea y que le valió miles de críticas solo porque su mascota no era de raza fina, sino simplemente mestiza.

Karen y Federico tienen razón. Buena parte de la sociedad que vive y convive en las redes digitales lo hace desde y hacia una cultura de odio. Sí, ahora los padres pueden hablar con sus hijos que se fueron lejos o los compañeros de escuela se vuelven a reencontrar por una etiqueta colocada a una foto de recuerdos de otros tiempos. Incluso, cualquiera puede conocer en tiempo real lo que sucede en lugares que la geografía consigna, pero que ni siquiera sabíamos que existían. Sin embargo, en no pocos casos, las redes han servido para engendrar odio y proyectar resentimiento. Violencia, al fin y al cabo. Violencia digital, en específico.

¿Qué nos ha pasado como sociedad que hoy somos capaces de encontrar en el dolor, el sufrimiento o la ilusión motivos para la burla y la crueldad? ¿En qué momento decidimos hacer de las redes sociales digitales un espacio para expresar nuestro coraje contra la vida, nuestra vida y no la del que sufre o se ilusiona? Algo nos pasó. Algo nos está pasando que hoy somos menos amables, menos sensibles, menos humanos. Vivimos en una sociedad de odio. Viven muchos dentro de una cultura de odio hacia lo que se parece tanto a ellos y los carcome de coraje y frustración.
*joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro