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Razón de estado

  • Joaquín Narro Lobo

2016, el año que se nos fue

La que usted está leyendo es la última Razón de Estado de 2016, un año complicadísimo para los mexicanos y turbulento para varios países en el mundo entero. Como en muchas otras ocasiones y en distintos espacios de colegas columnistas, en esta ocasión haremos un recuento del año que está por concluir y que en un cerrar de ojos se nos ha escapado de las manos, pero que dejará marcas y huellas que deben servir no sólo para la reflexión, sino sobre todo para la acción de cara a un 2017 que se avizora complejo por donde se le vea.

De atrás hacia adelante, pero más importante por el impacto que tendrá para nuestro país, está el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Probablemente, el triunfo del republicano pueda ser considerado como el más sorprendente acontecimiento del año en materia política, pues tras haber protagonizado una campaña repleta de descalificativos y denostaciones hacia las minorías de aquél país, arrasó en las urnas y derrotó sobradamente a la demócrata Hillary Clinton. Sin lugar a dudas, este hecho marcará el destino de millones de personas dentro y fuera del vecino del norte y redefinirá nuestra relación diplomática, comercial y migratoria.

Tras la sorprendente victoria de Trump, un hecho que cambiará la configuración política de varios bloques latinoamericanos pasa por la muerte de Fidel Castro, el siempre polémico comandante. Aun cuando de un tiempo al último de sus días su perfil público era más bien bajo, para nadie es secreto que las decisiones importantes de la isla y de varios países de América Latina pasaban no solo por su consejo y opinión, sino incluso por su estrategia y decisión. Controversial hasta el final, para muchos murió un dictador. No coincido. Se fue un gran político, un estratega y un hombre con visión sobre lo que quería para su nación. La historia se encargará de juzgar a Castro, pero también de evaluar a sus detractores.

Finalmente, múltiples hechos marcaron la vida nacional y, sin duda, los resultados de los mismos habrán de determinar el futuro inmediato del país. Hechos como la salida del otrora poderosísimo secretario de Hacienda, Luis Videgaray, la pugna entre el gobierno federal y los sectores más conservadores de la iglesia católica por el matrimonio igualitario, la creciente incomprensión de distintos actores políticos a los derechos humanos, la manifiesta inconformidad de las fuerzas armadas por desarrollar una función que corresponde a los civiles, la derrota del PRI en varios Estados de la República, son sólo algunos de los síntomas que avizoran un 2017 cuando menos difícil.

En fin, que 2016 se nos escapa de las manos en unos cuantos días tras doce meses de noticias y hechos que nos sorprendieron, para bien o para mal, y que pronto habrán de mostrar su verdadera dimensión e impacto. Por lo pronto, hago votos para que usted, lectora, lector, tengan salud, felicidad y fortuna en el año que está por comenzar. 2016 se ha ido y toca ahora trabajar fuerte y duro para que 2017 nos ofrezca un mejor panorama.
joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro