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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • Inconformidad social

Los mexicanos estamos enojados con nuestro Gobierno. Cada quien, por distintas causas, pero todos encontramos un motivo de molestia por lo que consideramos una forma incorrecta de llevar las riendas del país. Para nadie es un secreto que la más reciente decisión de liberalizar los precios de la gasolina fue la gota que derramó el vaso de la tolerancia social. A temas como la impunidad, la politización de absolutamente todas las reformas, la corrupción, el desfavorable entorno internacional, entre otros, se sumó una decisión que afectará directamente el bolsillo de las personas, aquellas que directamente consumen gasolina para sus vehículos, pero también quienes utilizan transporte público o consumen productos cuya cadena de producción implica en cualquier paso el uso de algún combustible.

Sin embargo, el análisis que hagamos de la situación no puede ser tan simplista que se quede en la crítica a un Gobierno y sus funcionarios que toman decisiones, por decir lo menos, controversiales. En diciembre de 2018 México tendrá un nuevo Gobierno de igual o distinta filiación partidista que el actual, pero los problemas serán idénticos y la inconformidad de la sociedad será la misma. Y entonces, ¿qué haremos los mexicanos, que hemos descargado nuestra furia hacia un personaje, por considerar que su actuación ha sido contraria a los intereses de la mayoría? ¿Quién será el o la valiente del PAN, del PRI, del PRD, de Morena o de la independencia partidista que nos salve de aquellos males que nos aquejan?

Resulta que los mexicanos tenemos o hemos adquirido la costumbre de endilgar todos nuestros males a un hombre o su Gobierno. Si México está mal, todo es culpa de su presidente, del gabinete, de la clase política y de todos aquellos cuyo poder –económico, político, social o cultural– se encuentra por encima de el del común denominador. El ciudadano de a pie, el que todos los días recorre una hora de camino para llegar a su trabajo y ganar el sustento que le permita salir a flote, no tiene la culpa de nada. Y como no tiene culpa de nada, tampoco tiene soluciones a nada. El cambio debe venir desde arriba o si no, nada servirá. Y como esto es destino manifiesto, en el más absoluto de los contrasentidos, tenemos la esperanza de que en 2018 habrá de aparecer en la boleta electoral un adalid de los intereses ciudadanos, que con decisiones por decreto nos cambie de tajo.

Entiendo el enojo de la mayoría y lo comparto. Soy de los que están inconformes, molestos y hasta indignados. Sin embargo, soy de quienes creen que, para cambiar como sociedad, no basta con cambiar de Gobierno. Sí, el modelo está agotado, pero también los ciudadanos formamos parte de ese modelo. Soy, también, uno de los cada vez más escasos que quieren que a este Gobierno le vaya bien por la sencilla razón que es el nuestro, el que nos gobierna y el que toma decisiones que repercuten en todos. Si al Gobierno le va bien, si a Enrique Peña Nieto le va bien, a México le irá bien. Mi inconformidad y molestia es hacia el modelo y hacia aquello que lo compone, yo incluido. Empecemos el cambio ya sin estridencias, descalificaciones ni odios. Empecemos el cambio desde nosotros mismos.
*joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro