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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro Lobo
  • A Federico lo matamos todos

Es probable que la semana que concluye haya sido una de las más intensas en información en los últimos tiempos. El viernes, Donald Trump se convirtió en el presidente del país más poderoso del mundo. Con su discurso, Trump definió la ruta que Estados Unidos seguirá por los próximos cuatro  años. Cuando concluya su mandato, el magnate tendrá 74 años y se antoja difícil, por su edad, pero sobre todo por su controversial forma de ser, visualizarlo en un segundo mandato. Sin embargo, al mundo y a la mitad de los estadunidenses nos esperan tiempos complicados.

En la víspera de este acontecimiento, el Gobierno mexicano consumó la extradición del más celebre capo del narcotráfico. La decisión, planteada y socializada en medios de comunicación desde la recaptura del sinaloense, se convirtió en un tema de debate y discusión en las principales columnas de opinión. Algunos consideran que se trata de una muestra de debilidad frente al nuevo Gobierno norteamericano, mientras que otros leen la extradición como un guiño a Trump e incluso comparan la entrega con una ofrenda de buena voluntad. Sea como fuere, es probable que la decisión tomada sea la más relevante en materia de impartición de justicia en los años recientes y la misma tenga ecos en el vecino del norte.

Sin embargo, lo que en lo personal destacó de la semana es la trágica noticia de un joven adolescente que en un colegio de Nuevo León abrió fuego a su maestra y compañeros, para después quitarse la vida. ¿Qué pasaba por la cabeza de Federico, cuando esa mañana decidió emprender tan dramática acción? ¿En qué fallaron sus padres, sus compañeros de clase y las autoridades del Colegio Americano del Noreste? ¿En qué fallaron el Gobierno y en qué fallamos la sociedad, toda?

Confieso que la noticia me impactó en extremo, pero aún mayor fue mi sorpresa al revisar la noticia en redes sociales. En primer término, distintos medios de comunicación y comentócratas de primera línea cometieron la estupidez -no existe otro calificativo para esta conducta- de difundir las imágenes y el video del momento en el que Federico se pone de pie y dispara a su maestra y compañeros, para finalmente terminar con su existencia. En segundo lugar, la insensibilidad y crueldad de miles de usuarios que encontraron en el acontecimiento razón para la burla y el escarnio.

¿Qué nos ha pasado como sociedad que un hecho como el señalado nos lleva a la burla, la risa y el sarcasmo, en lugar de acercarnos a la reflexión y autocrítica?, ¿En qué momento nos deshumanizamos al punto de hacer de la tragedia motivo para un meme?, ¿Cuándo el Estado perdió el compromiso con el pueblo -sobre todo con niñas, niños y adolescentes- y le pareció correcto dejar que lo que regulara las pautas y límites de las relaciones sociales los fijaran los medios de comunicación o el internet?

Federico murió e intentó matar porque al Gobierno se le olvidó su papel como conductor de los procesos de fortalecimiento del tejido social. Federico murió porque a la sociedad nos dejaron de importar los demás, nuestros semejantes, nosotros mismos. A Federico lo matamos todos, y por todos, Federico casi mata a otros.
* joaquin.narro@gmail.com
Twitter @JoaquinNarro