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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquin R. Narro lobo
  • El problema son las causas

Lamentable lo que ha sucedido durante los últimos días. El presidente de la mayor economía del mundo, el jefe del ejército más poderoso de la tierra, el personaje más mediático de los últimos meses, ha decidido emprender el camino del enfrentamiento, la descalificación, el desprecio, la intolerancia y el odio hacia nuestro país. Tras el anuncio de la construcción del muro y la amenaza de hacer pagar por él a los mexicanos, la relación entre México y Estados Unidos alcanzó niveles de tensión no vistos desde el siglo XIX.

Las columnas, las redes sociales y los noticieros se han llenado de comentarios que condenan la actitud de Donald Trump y analizan la postura del Gobierno mexicano. Yo no quiero, empero, hablar de Trump o del Gobierno, pues de eso se han llenado las páginas de los periódicos y los espacios de noticias. En esta ocasión, yo quiero hablar de las causas y efectos de fondo, que han provocado y provocarán estas acciones y sobre las que convendría que todos comenzáramos a reflexionar.

Causas. En México y en el mundo estamos atravesando por un cambio de época en la que las relaciones humanas han modificado su naturaleza y los valores han cambiado. Tal vez por el avance tecnológico, tal vez por el consumismo, tal vez por la globalización generalizada, hoy somos distintos a lo que fueron nuestros padres o nuestros abuelos. El individualismo, la inmediatez, el materialismo, la desconfianza, hoy son los fundamentos a través de los cuales forjamos nuestras relaciones y generamos nuestras aspiraciones.

Efectos. La debilidad de los vínculos interpersonales y el cambio de intereses que sean comunes a la mayoría, han provocado que exista un menor sentido de identidad, compromiso, solidaridad y mutualismo, lo que poco a poco va haciendo más evidentes las diferencias y la desigualdad. Ante esto, crecen la discriminación, el resentimiento, el odio y la violencia. Vivimos en una era en la que las familias se encierran en su hogar y cada vez menos conviven con el vecino. Habitamos en comunidades enrejadas y de altos muros que nos protegen de aquello que está fuera y es distinto. Ahora, pretendemos crear fronteras artificiales creadas de concreto y acero que dividan a quienes alguna vez fueron hermanos.

Sí, el problema es Donald Trump, que firma una orden ejecutiva para levantar una gran barda allá que “proteja” a Estados Unidos de los “infames mexicanos” que huyen de la miseria, del dolor y del desempleo. Pero el problema también son los más de 60 millones de norteamericanos que avalaron esto cuando era una propuesta de campaña, como también algunos líderes mundiales que se ufanan de los buenos resultados que un muro ha traído a su país. Al final, el problema somos todos, pues con nuestra apatía, conformismo y conveniencia generalizados hemos permitido que las cosas lleguen a donde hoy se encuentran.

¡Despertemos! Salgamos ya de ese letargo en el que nos encontramos y enfrentemos nuestros problemas –los de todos– con un cambio de actitud y de valores, de intereses y aspiraciones. Lo de Trump y el muro es solo el efecto. Las causas de ello son las que debemos cambiar.

*joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro