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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Panorama electoral 2018
  • Joaquin R. Narro lobo

A partir de esta colaboración iniciaremos una serie de artículos no consecutivos, pero sí seriados sobre el panorama político rumbo a las elecciones que habremos de celebrar en 2018. En el ambiente comienzan a soplar vientos de sucesión y la lucha por la presidencia empieza a estar presente en prácticamente todas las mesas de análisis y discusión política. Como cada seis años, la sucesión presidencial se convierte en una razón de Estado.

Como nunca antes en la historia nacional, un partido político apuesta todo su capital a una sola figura. Morena, el partido más joven en el sistema junto con Encuentro Social, se ha construido alrededor de una figura, la más relevante en la política electoral del siglo XXI, para convertirse en la plataforma a partir de la cual Andrés Manuel López Obrador se lanza por tercera ocasión a la presidencia de la República. ¿Qué pasará si López Obrador no gana? ¿En siete años volveríamos a verlo compitiendo? ¿Alcanzaría este tiempo para formar cuadros tan relevantes como para ocupar su lugar? ¿Las estructuras partidistas serían capaces de madurar para no dividirse y consolidarse como opción política? Difícil contestar afirmativamente cualquiera de estas preguntas.

El PRD, otrora aglutinante de la izquierda militante, ha perdido fuerza y cada vez se desdibuja más del escenario nacional. Con presencia medianamente relevante en algunas regiones del país, el PRD atraviesa por su peor crisis interna en el peor momento para hacerlo. De ser protagonista en las últimas dos elecciones, hoy está en riesgo de abanderar una candidatura testimonial. Al PRD le conviene, si quiere seguir siendo opción política, refundarse desde la médula y colocar temas en la agenda política aún a sabiendas de la imposibilidad de alcanzar el triunfo. Sus otras opciones son buscar alianzas con Morena, lo que terminaría por borrarlo de la escena, o con el PAN, lo que lo sometería a acompañar una ideología contrastante con la suya.

En el PRI las cosas dependen mucho de lo que suceda en las elecciones de este año y lo que desde el Gobierno se decida. En un régimen como el nuestro, el partido en el Gobierno determina su futuro a partir del Gobierno mismo. Así fue con el PAN en las últimas dos elecciones y así ha sido con el PRI en dos terceras partes del siglo XX. Para alcanzar el triunfo, el PRI requiere mandar un mensaje de unidad, primero, y de cambio, después. Si la lucha interna es procesada adecuadamente y sin divisiones, este partido puede conservar la presidencia. Si la propuesta radica en combate a la corrupción e impunidad, mejor repartición de la riqueza y generación de empleo y lucha inteligente y decidida contra la inseguridad, entonces tiene oportunidad.

Por otra parte, Acción Nacional puede ser una opción verdadera de triunfo o de plano desfondarse a un lejano tercer lugar. Su viabilidad dependerá de la selección de su candidato o candidata y de qué tanto permita que otros partidos capitalicen la derrota de dos de los tres aspirantes que hoy tienen. Los acuerdos y negociaciones a las que puedan llegar quienes no sean designados como candidato o candidata presidencial, en particular con el PRI, serán definitorios para el destino del PAN.

En nuestra próxima entrega, el análisis de los partidos más pequeños y una primera conclusión a un año del inicio de las campañas presidenciales.
* joaquin.narro@gmail.com

@JoaquinNarro