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Razón de Estado

  • Joaquín Narro Lobo

  • Joaquín R Narro Lobo
  • Al rescate de México

 

México atraviesa una crisis de confianza, credibilidad y proyecto. Por distintas razones, hoy la sociedad no confía en sus políticos, pero tampoco en ella misma ni en las instituciones gubernamentales, sindicales, religiosas y hasta ciudadanas. Algo está sucediendo que nos coloca en uno de los momentos más complicados por los que hemos atravesado en las últimas décadas. Sin que ese sea el asunto a tratar en esta columna, veamos lo sucedido en las elecciones que apenas hace unos días se dieron en 12 entidades federativas.

Con excepción de Hidalgo, Puebla, Tlaxcala y Zacatecas, en Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Oaxaca, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas y Veracruz, hubo alternancia. En el 75 por ciento de las entidades en las que los ciudadanos eligieron gobernador, decidieron dar su voto a la oposición en una clara muestra de rechazo o falta de confianza, no necesariamente a su gestión y a lo realizado durante la misma, sino a lo que como gobernantes significan.

Pero insisto en que la falta de confianza no es un asunto gubernamental ni mucho menos electoral. Desafortunadamente, la desconfianza de la sociedad es generalizada y abarca otros ámbitos de la vida. ¿Quién puede negar que hoy las distintas iglesias atraviesen como nunca una crisis de feligreses que ha provocado la creación de nuevos grupos con creencias distintas a las tradicionales? ¿Quién podría afirmar que la credibilidad en los sindicatos se encuentra en su punto más alto? ¿Quién es capaz de detener su marcha en la calle para ayudar a otra persona que le solicite apoyo?

En México hemos dejado de creer en aquello que tradicionalmente nos daba cierta estabilidad y confianza para saber que, aun cuando no necesariamente fuera el que quisiéramos, había un rumbo por el que la mayoría transitábamos. La crisis de la confianza es un asunto que va mucho más allá de lo público y que ha trastocado las instituciones más robustas y que de alguna manera nos daban estabilidad y certeza de un proyecto como nación.

Creo, desafortunadamente, que la crisis de confianza, credibilidad y proyecto no es otra cosa que la consecuencia más acabada de la pérdida de valores éticos entre la sociedad. Como persona, no confío en mis vecinos, en los maestros de la escuela a la que asisten mis hijos, en el sacerdote de mi parroquia, en los funcionarios de cualquier dependencia ni en los comunicadores de los medios que tradicionalmente leo o escucho, porque con los actos de algunos – o muchos – me han demostrado que no existe empatía entre los valores que algún día me inculcaron y lo que ahora ellos hacen.

Lo dramático de todo es que las cosas no parecieran tener visos de mejora en lo inmediato. Se antoja difícil recuperar la confianza y la credibilidad ante este escenario de polarización, falta de idea de lo que como sociedad queremos, carencia de valores como la honestidad, la solidaridad o la verdad, así como las constantes muestras de violencia y agresión entre nosotros mismos. Empero, alguien tiene que comenzar a hacer algo. ¿Quién será quien dé el primer paso para rescatar a México?
joaquin.narro@gmail.com

Twitter @joaquinNarro