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Realidad priista frente a su XXII Asamblea

  • Jorge Galicia

Mucho ruido hay en algunos grupos priístas frente a su inminente Asamblea Nacional a celebrarse en los próximos días, dicen que el resultado de las mesas temáticas marcarán el rumbo y destino del otrora partidazo, tal vez no se dan cuenta del hartazgo y aversión que en estos tiempos tiene la ciudadanía hacia todos los partidos políticos.

Quienes desde ahora velan armas para oponerse a eventuales modificaciones a los documentos básicos del PRI lo único que logran es distraer la verdadera discusión que debe darse en esa convención nacional, porque si alguna razón existe para que el tricolor llegue disminuido a la contienda electoral que se avecina no será por la modificación a estatuto alguno y ni siquiera tal vez al nombre de su candidato.

La debacle priista está marcada, principalmente, por eventos de corrupción, en los que en gran medida han estado involucrados gobernadores y funcionarios tricolores, esa es la realidad y eso de querer echar culpas a cuadros dirigentes por eventuales modificaciones a sus estatutos es perder el tiempo. Los quejosos hablan de exclusión, cuando muchos de ellos se han excluido de la sociedad convirtiéndose en una élite política de exgobernadores, exsecretarios, exdirigentes nacionales y estatales, y así, la mayoría, con negocios y riquezas acumuladas al amparo del poder.

Si en verdad quieren ser escuchados tal vez sea el momento de fijar posturas contra actos de corrupción como los realizados por apellidos que han dañado a su partido, entre ellos los Borge, Duarte, Moreira, Yarrington, y muchos etcéteras más que al paso de los años han contribuido a la peor etapa del PRI en materia de credibilidad y confianza ciudadana, pero seguramente no lo harán porque sería como darse un tiro en la pierna.

No se confundan, la unidad del priísmo no depende de los resultados de la XXII Asamblea Nacional, no, más bien dependerá de cómo esas líneas de acción se traducen en beneficios a la población, porque a lo largo y ancho del país siguen los problemas de pobreza, inseguridad, falta de servicios públicos e infraestructura educativa y de salud, seguridad laboral y alimentaria, y si al menos en los próximos seis meses no se nota o percibe un cambio en ese sentido, de desarrollo y beneficio social, lo que a grito pelón o en el papel se diga, sale sobrando.

Por lo demás, resulta hasta raro que en estos momentos existan voces que se oponen a la modificación de estatutos partidistas, ya que esa acción daría pauta para que nombres que gozan de prestigio y fama pública, como el de Aurelio Nuño o José Antonio Meade, secretarios de Educación y de Hacienda en la administración federal actual, respectivamente, sean considerados como candidatos presidenciables, pero el argumento es que no cumplen con requisitos de militancia partidista.

De qué se extrañan, en la celebración de la XXXV reunión extraordinaria del Consejo Político Nacional del PRI sus integrantes perfilaron y aplaudieron esa posibilidad ante su entonces dirigente, Manlio Fabio Beltrones, aprobando la participación de ciudadanos simpatizantes en los procesos de postulación de candidatos al Congreso de la Unión, a gobernadores y a jefe de Gobierno del CdMx, el mensaje fue claro, lo que seguía eran esos mismos derechos para el candidato presidencial, pero si no lo quieren ver así entonces sigan perdiendo el tiempo y que los problemas nacionales, como siempre, esperen.

jorgelgalicia@yahoo.com.mx