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Realizarán funeral civil de Umberto Eco | Jorge Sandoval

  • Jorge Sandoval

ROMA, Italia.- “Hombre libre del espíritu crítico”, “uno de los monstruos sagrados de la cultura italiana”. Son algunas de las definiciones con las cuales el mundo de la literatura rinde homenaje a la figura de Umberto Eco. El célebre intelectual falleció el viernes pasado a la edad de 84 años, cumplidos el pasado 5 de enero, en Milán, su ciudad de adopción y en donde el próximo martes se llevará a cabo un funeral civil, según el deseo de los familiares del destacado escritor, filósofo y semiólogo italiano.

En su ciudad natal, Alejandría (Piamonte, norte de Italia), las autoridades locales decidieron exponer las banderas a media asta en señal de luto, mientras que algunos exponentes de la cultura, encabezados por Vittorio Sgarbi, han pedido que Umberto Eco reciba un funeral de Estado.

Numerosas han sido a todos los niveles las reacciones en Italia y en el mundo entero tras la muerte del autor de prestigiosas obras como, en primer lugar, “El nombre de la rosa”, escrita en 1980 que le permitió conquistar el Premio “Strega” y el “Medicis” (en Francia); “El péndulo de Foucault” (1988), “La isla del día antes” (1994), Baudolino (2000), “El cementerio de Praga” 2010, entre muchas otras.

En “El nombre de la rosa”, Eco logró combinar a la perfección la novela de suspenso, la divulgación histórica y la reconstrucción de una época, la Edad Media. Esta obra alcanzó una inmediata y gran popularidad internacional, vendiendo en todo el mundo más de 30 millones de copias. Sus libros han sido traducidos a 46 idiomas.

Entre los innumerables mensajes de condolencias, comenzando por el presidente de la República, Sergio Matarella, transmitidos también en las redes sociales, se subraya el del escritor Roberto Saviano: “Nómina nuda tenemus. Adiós profesor”. La frase en latín es la expresión con la que concluye “El nombre de la rosa” y se refiere a que al final solo queda el nombre de las cosas. Y no son pocos por otra parte los que lamentan que Eco no haya sido galardonado con el Premio Nobel de la literatura.

Su última novela, “Número Cero”, editada en castellano en 2015, es una fuerte crítica al mal periodismo, a las mentiras y la manipulación de numerosos  medios de información, muchos de los cuales se convierten esencialmente -escribió- en “instrumentos de de legitimación del enemigo”… “La cuestión, subraya Eco en esta obra, es que los diarios no están hechos para difundir sino para cubrir las noticias”.

Se trata de su novela más “pequeña”, ya que tiene poco más de 200 páginas, respecto a las por lo menos 500 a las que sus lectores estaban acostumbrados, y narra la preparación de un cotidiano “Mañana” y de un libro “Mañana: ayer”, que nunca serán publicados.

Su último ensayo en cambio, titulado “Pape, Satan, Aleppe”, será publicado el próximo 27 de este mes.

Como escribió el crítico literario Riccardo De Palo, una de las características de Umberto Eco era la de “desorientar al interlocutor, burlarse del lector. Siempre con una mirada generosa y tranquilizadora, de alguien mucho más preparado que nosotros, pero no por eso te hacía sentir inferior”.

Se recuerda también el lado humorístico del escritor, y al respecto se cita el fragmento de su obra “Diario Mínimo” en el cual Eco imagina un equipo de investigadores marcianos que regresan de una expedición arqueológica en la Tierra. El relator, que se dirige a sus “insignes colegas”, cuenta haber encontrado, en el planeta destruido por una apocalipsis atómica, solo pocos restos de la civilización humana. Y en particular algunas canciones de San Remo (el célebre festival de la canción italiana ligera). De esta manera se burlaba, con gran ironía, de un cierto tipo de “cultura” italiana que sobresale ante cualquier adversidad.

Gracias también a sus eruditas colaboraciones en destacados cotidianos de varios países, Umberto Eco era uno de los hombres de cultura italianos más conocidos en el planeta.

En los últimos años dividía el tiempo entre su departamento milanés y su casa de vacaciones en la ciudad de Rimini, donde tenía una biblioteca con alrededor de 30 mil volúmenes.

/arm