imagotipo

Recimentar la esperanza | Numerados | Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.- Como cada fin de año, los opinadores arrojados y los reflexivos analistas elaboran balances y recopilaciones del que se va, unos ilustrados con estadísticas cuidadosamente atrapadas en abono a su argumento. Todos los años son atípicos en la opinión del instante, y sola la Historia da fe, con su tiempo, su serenidad, en su juicio inapelable para darles el carácter de irrelevante o de excepcional. A veces conviene dejar de vivir nada más de los recuerdos y ocuparlos para construir la gloria propia hacia adelante; a veces se debe arrostrar la dificultad de un trance en aras de un alto propósito que trasciende lo personal e inmediato para alcanzar dimensiones de grandeza. El que se va ha sido un año de tumulto, de cosecha magra, de severas complicaciones.

2.- Cuando se hicieron los cálculos y las previsiones para 2015, ni los más pesimistas genios de los números pudieron prever la magnitud del frenazo que tendría que aplicar la economía, tras el abrupto desplome del petróleo y todo lo que arrastraría consigo, y contigo. Las dolorosas medidas que debió aplicar el Gobierno golpearon, a unos más que a otros, y generaron un clima hasta de desesperación en algunos, más que desesperanza ante lo que se percibió, más que un fracaso de la política, el tropiezo de unos políticos que estaban preparados solo para las vacas gordas, y no pudieron prever ni reaccionar ante el globo desinflado que daba vueltas por todos lados.

3.- Por ello, ante la pesada circunstancia los mexicanos echamos mano de la sabiduría milenaria de nuestra cultura y de nuestra historia para sobreponernos y evitar la debacle de los ánimos. Porque nuestra voluntad es superior a los avatares de un momento –aunque se nos haga eterno-; porque nuestro espíritu de unidad es más fuerte que el puente de espinas que nos toque cruzar, y porque nuestra fe es más fuerte que los intereses que pretenden desunirnos, habremos de salir airosos y renovados en nuestro propósito incansable de generar prosperidad y orden.

4.- Entre lo mucho de bueno que podemos arrojar del año viejo, tenemos la riqueza de la experiencia que nos permitirá delinear nuestro destino por encima de los sobresaltos y hasta de las amarguras que atravesamos, y cultivar bosques más frondosos. A esa experiencia de los mayores se suma el ímpetu vigoroso de nuestros jóvenes, el amor y la ternura de nuestras mujeres, y la ilusión de edificar una casa más sólida, más grande y más habitable para todos los mexicanos, que se nutre a cada instante, en la convicción sin dobleces de que podemos construirla en la unidad y la certeza de nuestro rumbo.

5.- “A tu abandono opongo la elevada/torre de mi divino pensamiento./Subido a ella, el corazón sangriento/verá la mar, por él empurpurada./Fabricaré en mi sombra la alborada,/mi lira guardaré del vano viento,/buscaré en mis entrañas mi sustento…/Mas, ¡ay!, ¿y si esta paz no fuera nada?/ ¡Nada, sí, nada, nada…! -O que cayera/mi corazón al agua, y de este modo/fuese el mundo un castillo hueco y frío…-/Que tú eres tú, la humana primavera,/la tierra, el aire, el agua, el fuego, ¡todo!,/…¡y soy yo solo el pensamiento mío!” dice Juan Ramón Jiménez en uno de los sonetos más hermosos que se han escrito en español, un pensamiento de aliento y esperanza para el Año Nuevo, que nos permita emprenderlo con una sonrisa, y darnos un abrazo de ¡MUCHAS
FELICIDADES!

camilo@kawage.com

/arm